Opinión | Política

Miguel Fernández-Palacios Gordon

Lo que la crispación oculta

Con el blanqueamiento de la derecha extrema en todo el mundo, ¿acaso se están ignorando los males y horrores del fascismo?

Lo que antes se llamaba «derecha civilizada, democrática o tradicional», ya no existe. El PP ha aceptado normalizar el discurso fascista y pacta gobiernos con Vox, aprueba leyes retrógradas y, para restarle votos, calca sus argumentos. Esto acarrea el aumento de la violencia en las palabras que genera violencia física con ataques a sedes de partidos -recientemente más de 200 solo al PSOE-, agresiones a políticos o intentos de magnicidio en Europa.

La derecha, si aún no es ultraderecha, está a tiempo de parar esta espiral: rebajar los decibelios de la arenga política y establecer un cordón sanitario a la derecha extrema para que los demócratas dejemos en evidencia las falsedades e incongruencias de sus diatribas contra todo los que no sean ellos. De lo contrario continuaremos deslizándonos por el talud, cada vez más escarpado, del funesto abismo totalitario.