Visité el yacimiento de Medina Azahara unos meses antes de que todo se viniera abajo con la pandemia, y he tenido la oportunidad de regresar el domingo pasado, en pleno puente. No encontré cambios, al menos perceptibles, pero la sorpresa estuvo en los cientos de visitantes que estaba recibiendo nuestra ciudad califal. Lo normal en anteriores visitas era encontrarme con unos puñados de turistas y cordobeses que disfrutábamos de esta maravilla, pero ha sido una gran alegría ver que, tal vez por la declaración de Patrimonio de la Humanidad, el interés por este yacimiento vivo se va despertando. Y todo perfectamente organizado. Enhorabuena.