Zürich es la ciudad más grande de Suiza, y también la de más alto nivel de vida. Por distintas circunstancias he estado tres semanas allí, durante este mes de agosto. Asombra la cantidad de bancos -cuatrocientos en total- y los comercios de lujo. Asombra aún más la belleza y perfecta construcción de cada casa, de cada edificio. Una gran ciudad en un país de montañas altísimas, en el que sus habitantes tienen cuatro idiomas oficiales. Y diversas confesiones religiosas, de la cual ahora mismo la mayoritaria es la católica. Con muchas costumbres muy distintas a nuestro modo de vida. De todo aprende uno, y llama mucho la atención la seriedad profesional y la riqueza que se ve en Zürich. Pero si uno reflexiona un poco no veo que los zuriqueses sean más felices que los cordobeses. Es más, tengo la seguridad de que en nuestra tierra la gente sonríe mucho más que en la Confederación Helvética, aunque aparentemente tenga menos motivos. Mi conclusión, una vez más, es que el dinero no da la felicidad.