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Opinión | Hoy

Mis vacas

Menos mal que este verano ha sido un verano de vacas gordas. Quiero decir que, por fin, me he podido pegar unas vacaciones sin problemas. Es muy dura la vida política, y más dura cuanto más alta sea. Pero este verano… Este verano ha sido, por fin, un verano tranquilo, porque por fin me han podido dejar en paz los problemas de la gente. Desde meses antes lo he estado planeando, tan ilusionado de que mis vacas transcurriesen así de tranquilas. No ha habido incendios, ni problemas de inmigración, ni problemas de invasión territorial, ni violencia contra la mujer, ni terremotos, ni preocupaciones de cambio climático, ni problemas sanitarios en los hospitales, ni accidentes de tráfico, ni conflictos en las relaciones internacionales, ni problemas de altas temperaturas, ni, en general, nada previsible ni imprevisible; y, a cambio, la satisfacción de un campeonato mundial de fútbol, de un eclipse solar, de nada de accidentes ferroviarios, nada de crisis energética, nada de problemas de vivienda, ni manifestaciones… Desde la alta perspectiva de mi mansión de vacaciones, he contemplado a la gente en el horizonte de mis dominios, y he visto que descansan en paz. Horas de tumbona, dorándome al sol, que, como también me pertenece, ha lucido; sesiones de pesca submarina, respetando, claro, la ecología; charlas con amigos, junto a una buena barbacoa y todo lo demás; tardes de sol y noches de luna, de estrellas y hasta de la cantidad de perseidas que también son mías. Y lo mejor: todo gratis. He leído un libro y lo he recomendado; lo mismo con mi lista de música predilecta. Ya era hora de un verano sin que me molestasen. Porque los políticos también somos humanos y necesitamos desconectar. Ahora, nuevo curso y más escapadas. Nunca va a ocurrir nada que me perturbe unas buenas vacas. Lo que no me explico es por qué me ha crecido tanto la nariz.

*Escritor

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