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Opinión | El alegato

Española en tierra africana

Como no creo nada de lo que leo porque según he leído, -sin saber si será cierto o no-, más del 35% de los artículos que leemos están hechos por IA, me he dedicado a buscar información sobre el conflicto ceutí.

He encontrado un artículo titulado «Las reclamaciones de Marruecos sobre Ceuta y Melilla», de Julio D. González Campos, catedrático de Derecho Internacional y magistrado del Tribunal Constitucional, escrito en 2018, pero muy instructivo. Analiza el trabajo las reivindicaciones históricas marroquíes sobre Ceuta, Melilla, el Peñón de Vélez de la Gomera, Alhucemas y las Islas Chafarinas, en el período comprendido entre 1956 y 2002. El autor rechaza equiparar Gibraltar con Ceuta y Melilla. La primera fue cedida por España en 1713 y Ceuta y Melilla no. La reivindicación marroquí no aparece de una sola vez. La primera reclamación de estas aparece en 1960.

Poniendo en relación ese trabajo con la crisis actual de Ceuta concluyo: Ceuta no es para Marruecos solo una cuestión fronteriza. Cualquier crisis migratoria en la frontera ceutí se desarrolla como un conflicto político de soberanía que existe desde hace décadas. Esto no es prueba irrefutable de que Marruecos haya provocado la entrada masiva de julio 2026 pero sí podría explicar que esa crisis fronteriza haya adquirido indefectiblemente una dimensión geopolítica.

Marruecos, históricamente, ha combinado reivindicación y pragmatismo. Rabat ha sido experta en alternar una estrategia de confrontación y conflicto territorial con cooperación. Véase la colaboración de Marruecos el 15 de agosto en impedir nuevos cruces hacia Ceuta, lo que no supone que su reivindicación haya desaparecido.

Resulta fácil concluir, dados estos precedentes históricos, que la crisis fronteriza de julio 2026 ha sido un instrumento potencial de presión y que Marruecos está detrás de todo ello. Me van a perdonar ustedes pero aquí vengo obligada a aplicar la máxima jurídica que mi profesión me exige: ‘nulla accusatio sine probatione’ («no hay acusación sin prueba»).

Nuestro presidente sabe que solo tenemos sospechas. Eso y no tener nada es lo mismo, - aunque sospechen hasta sus propios socios de gobierno-, por eso no se ha movido de La Mareta. Le ha dado igual que existan serias dudas de los servicios españoles de inteligencia sobre el posible papel marroquí en lo ocurrido o que se consideren más que probables nuevas acciones de presión en la llamada «zona gris».

Solo él sabe la verdad de lo ocurrido. Solo él sabe lo que aún estar por acontecer. Solo él es capaz de justificarse recurriendo al hambre o a su derecho a vacaciones ante una crisis nacional. Los demás solo sabemos que lo que trata de evitar que sepamos lo sabemos todos.

*Abogada experta en Derecho del Trabajo y Seguridad Social

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