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Opinión | Tribuna libre

Ceder el poder a los bulos

En su primera aparición radiofónica ante Aimar Bretos tras sus vacaciones irrenunciables, Pedro Sánchez cede el poder a los «bulos» y la «desinformación», conjurados para someter a España a la mayor humillación fronteriza desde Napoleón. Los adictos a las redes sociales, que nunca son socialistas, «tergiversaron la sentencia del Supremo» para enseñorearse de Ceuta, donde un solitario guardia civil les daba la bienvenida. Se trata por tanto de la primera invasión de juristas desesperados de que se tiene noticia.

Sánchez ha ido un paso más allá que Margarita Robles, a la que desacreditó frontalmente al negar preavisos del CNI sobre el «asalto masivo», dado que la ministra culpó a la todopoderosa Facebook. El presidente del Gobierno se desmarcó de Zuckerberg para asignar «la violación» de Ceuta a «redes asociadas a Rusia». Es decir, los bots de Putin fracasan estrepitosamente en la invasión de la vecina Ucrania, pero imponen su ley en fronteras situadas a miles de kilómetros de distancia. La incompetencia para desbaratar a los chismosos digitales no habla muy bien de España, aunque el líder socialista está menos preocupado por la integridad de su patria que por la honra de Marruecos. Ensalza con tanto entusiasmo a dicho país por la «cooperación instantánea de las autoridades marroquíes» como si aspirara a un cargo en Rabat a partir del año próximo.

En el comienzo de curso no podían faltar las delicias del lenguaje tecnocratés, con términos como «filiar», «triajes» o «securitario», suficientes para que Ceuta pierda la condición de entorno inhóspito que castiga a sus propios ciudadanos a la par que contribuyentes. Sánchez se presenta a septiembre como a junio, implacable con los errores ajenos y condescendiente con los propios. Habita el mejor de los mundos, donde la «fortaleza del Estado» no sufre ante limitaciones que son «competencia de la ciudad autónoma», como si hablara del extranjero. Y presume de imponer a Felipe VI un viaje a suelo ceutí «cuando se den las condiciones para ello», tan equivalente a «el Rey irá a Cuba cuando toque» de su odiado Aznar, que también sufrió el síndrome de sentirse por encima de la Zarzuela.

*Periodista

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