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Opinión | Cielo abierto

Lamine Yamal entre las esteladas

Pienso en Lamine Yamal y en sus siete compañeros en el Barcelona y en la selección que han ganado el Mundial y no han podido celebrarlo en el Camp Nou. Pienso en Joan García, Pau Cubarsí, Eric García, Gavi, Pedri, Dani Olmo y Rodrigo. Pero pienso sobre todo en Lamine Yamal, que tiene diecinueve años y ha nacido en Esplugues de Llobregat, pero es hijo de un padre marroquí, Mounir, y una madre de Guinea Ecuatorial, Sheila. Se conocen en Cataluña y viven en el barrio Rocafonda de Mataró. Su hijo, felino y fuerte, destaca pronto y entra en La Masía, la escuela futbolística del F. C. Barcelona.

Pienso en Lamine Yamal porque acaba de ganar la final de la Copa Mundial de Fútbol y no ha podido celebrarla, en su campo, con el resto de sus compañeros barcelonistas que también han formado parte de la selección. Es verdad que ha nacido en Esplugues de Llobregat, así que ya debe de estar familiarizado con la causa del soberanismo, que básicamente ha consistido, un poco en plan de chute hacia delante, despejando el balón, en gobernar y legislar como si no existiera la otra mitad de su población, como se ha visto en varias elecciones, pero arrogándose la totalidad de los deseos del pueblo catalán. Es que el pueblo catalán esto, es que el pueblo catalán lo otro.

Pero no: eran los tuyos. Claro que el tratamiento en los colegios y en los planes de estudio necesariamente irá cambiando esos porcentajes, pero lo cierto es que Cataluña y Barcelona no siempre fueron eso: en los sesenta, con dry martini en Boccaccio, Barcelona es el centro internacional de la literatura en español, con Vargas Llosa y García Márquez, Juan Marsé o Jaime Gil de Biedma. Queda sólo lo importante, unos cuantos libros, pero el aire del tiempo hospitalario ya se ha convertido en un fuego intermitente.

Joan Laporta ha vuelto a encenderlo: con la excusa de que la policía quitó una estelada en Elche, cambia el homenaje del Camp Nou a los campeones del mundo por una exaltación de la bandera independentista, como si todos los catalanes y el resto de culés sintieran eso. «No es el momento ni el contexto más apropiado para hacer este homenaje. El fútbol debe servir para unir y no para generar enfrentamientos que no convienen a nadie», dice Laporta. Pues si no es el momento con ocho campeones mundiales en tu primera plantilla, cuándo lo será. Por eso, viendo a Cucurella y Oryazabal celebrar la copa en el centro del Santiago Bernabéu, pienso en Lamine Yamal, con el cruce cultural de sus raíces marroquíes y guineanas, nacido en Cataluña, jugador de España con la roja, sin homenaje y rodeado de esteladas, tratando de entender este territorio que aún llamamos país y también tiene las fronteras internas descosidas.

*Escritor

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