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Opinión | Punto y coma

Inclusión perfecta

Hace unos días, cuando llegamos al Hotel Ilunion Pío XII, ubicado en Madrid, sentí ganas de llorar. Quizás estaba más agotada que triste, pues veníamos de Galicia y llegábamos a Madrid camino de Huelva, con una mudanza a las puertas y la cabeza repleta de cajas y asuntos pendientes. Al principio, me descubrí observando aquello que hacía diferente a cada trabajador. Ahora bien, enseguida me avergoncé de mí misma, pues ellos no estaban allí para enseñarme nada -aunque sí lo hicieron-.

Sencillamente, estaban trabajando, y la pena y la reflexión que derivó, en teoría, no tendrían cabida. La ONCE, por ejemplo, comenzó su andadura ya en 1938. Actualmente, se integra en el Grupo Social ONCE, que reúne a ONCE, Fundación ONCE e ILUNION, y que da empleo a unas 80 000 personas. Casi el 59 % de ellas presenta algún tipo de discapacidad. Por su parte, la cadena de hoteles Ilunion cuenta con 32 establecimientos en España y una plantilla de unos 2000 individuos. Asimismo, sus hoteles lucen con orgullo una merecida certificación de accesibilidad universal. Es evidente que resulta una forma de integración interesante, pues personas con y sin discapacidad trabajan juntas, desempeñando puestos de todo tipo, integrados estos en diferentes departamentos.

Todo ello es maravilloso. No obstante, el verdadero triunfo llegará cuando dejemos de considerar extraordinario que una persona con discapacidad, sea esta cual sea, trabaje, atienda una recepción, haga una habitación, cocine, o bien gestione el departamento de una empresa o esta misma. La inclusión completa y perfecta existirá, en efecto, el día en que dejemos de denominar ‘inclusión’ a que una persona preparada tenga un trabajo y esto no llame nuestra atención.

*Lingüista

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