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Opinión | Reflexiones desde el oeste

Volver... ¿a dónde?

Cada final de agosto se repite el mismo relato. Los medios hablan de la operación retorno, de las carreteras llenas, de las estaciones abarrotadas y de la vuelta a la rutina. Parece que todos hubiéramos estado de vacaciones y que septiembre nos encontrara regresando al mismo punto de partida.

Pero esa imagen, tan instalada en nuestro imaginario colectivo, deja fuera a muchas personas. Porque hay quienes no vuelven de ningún sitio. Simplemente porque nunca pudieron marcharse. Mientras unos descansaban, miles de personas siguieron sosteniendo nuestras vacaciones. Personal sanitario, trabajadores de la limpieza, profesionales de la hostelería, del comercio, del transporte, de los cuidados, de la seguridad, de la atención social y de tantos otros servicios hicieron posible que el verano transcurriera con normalidad. Su verano fue el trabajo de siempre, muchas veces con jornadas más largas, más calor y mayor presión.

También están quienes viven el verano como un tiempo de mayor incertidumbre. Familias que cuentan cada euro para afrontar septiembre, personas desempleadas que no distinguen entre días laborables y festivos, quienes viven en soledad, quienes no tienen un hogar al que regresar o quienes, sencillamente, nunca pudieron permitirse unas vacaciones. Para ellos no existe la «vuelta». Porque nunca hubo una pausa. Y, sin embargo, septiembre llega para todos. Llega con el comienzo del curso escolar, con las matrículas, los libros, el material, los comedores, las actividades extraescolares y una larga lista de gastos que convierten este mes en una de las mayores cuestas económicas del año. A muchas familias les preocupa menos el regreso al trabajo que la posibilidad de ofrecer a sus hijos e hijas las mismas oportunidades que a los demás.

Quizá por eso convenga revisar nuestro lenguaje. Hablar menos de la vuelta a la normalidad y más de las distintas realidades que conviven en una misma ciudad. El descanso no debería ser un privilegio, sino un derecho reconocido porque protege la salud física, fortalece el bienestar emocional y favorece la convivencia familiar. Del mismo modo, reconocer a quienes sostienen el verano de los demás es también una forma de justicia y de gratitud. El nuevo curso nos invita a mirar más allá de nuestra propia experiencia. Porque una sociedad verdaderamente inclusiva es aquella que procura que todas las personas tengan derecho al descanso, al cuidado y a la esperanza de empezar septiembre con oportunidades y no solo con preocupaciones. Solo entonces el regreso será, de verdad, un camino compartido hacia una vida más digna para todos.

*Abogada

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