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Opinión | Entre líneas

Ruidoso agosto

Eso de que Córdoba se queda vacía en agosto no parece cierto, porque sin duda es con diferencia el mes más ruidoso. Hay factores subjetivos para afirmarlo, como esas altas temperaturas diurnas que hacen que todo moleste y se hagan insoportables incluidos los sonidos: el ladrido de un perro, el llanto de un niño o cualquier voz más alta que otra. Pero también hay sobradas causas objetivas, sobre todo sabiendo que se malduerme con las ventanas abiertas en las largas, consecutivas e interminables noches de calor. Así, cuando se recoge la terraza del bar parece que el camarero te está poniendo la pila de sillas a los pie de la cama. El lejano concierto suena como si cantaran junto a la almohada, y el grupito de trasnochadores que van algo alegrotes, como si te gritaran al oído. Me dice un vecino que, frente a algunos trabajadores nocturnos que, muy conscientes y amables, hacen lo imposible para no molestar, siempre hay alguno que se olvida de tantos balcones abiertos. «La otra noche me enteré perfectamente del problema matrimonial de uno que se lo contaba en voz alta al compañero», me decía este parroquiano del barrio, ya acostumbrado al vocabulario ‘técnico’ que grita algún operario bien entrada la noche: «Tira», «enchufa», «dale, dale»...

Y las mañanas, que alguno podría aprovechar para dormir, no son muy distintas: está el taller legal y el tallercito de ‘extranjis’ en una cochera, las máquinas compresoras de los trabajos del Ayuntamiento, Emacsa y Endesa; la remodelación del local de abajo que no tiene fin, el vecino lejano que aprovecha el mes para cambiar la cocina (azulejos incluidos y se diría que hasta los pilares mismos del edificio) y que parece que está al lado mismo de tu casa o aquel que se ve atrapado en su vehículo frente a una obra y cree que con el claxon las vallas van a desaparecer.

Por ahí está el Mapa de Ruidos, de 2009 y, antes, la ordenanza de Protección del Medio Ambiente Urbano contra la Emisión de Ruidos y Vibraciones, del año 2000, con sus 43 folios, multas de hasta 25 millones de las antiguas pesetas (150.000 euros) y que, por ejemplo, considera sancionable toda lavadora que centrifugue después de medianoche; o la próxima adaptación de esta norma municipal a leyes de mayor rango ya que también la Junta, la Administración central y la Unión Europea han legislado sobre el ruido.

Pero moralmente poco puede sentenciar este servidor de ustedes, que más de una vez se ha quedado dormido viendo una película, al fresquito del balcón abierto, y se ha despertado con la televisión atronando cuando acabó el programa y el aparato cambió de canal subiendo el volumen automáticamente. Perdón a los vecinos. Valga como petición de disculpa y lección de humildad antes que reclamar más mano dura con unas normas inaplicables. Porque quizá baste proponer un poquito de sentido común y algo de mayor voluntad para hacer entre todos más llevadero el ruidoso agosto cordobés.

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