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Opinión | Punto de vista

Acompañamiento parental

Es una verdad universalmente conocida que no podemos vivir aislados del mundo digital. El universo de las redes sociales llegó un día para quedarse y en la actualidad son pocos quienes pueden predicar que no cuentan con Instagram, TikTok y otros sucedáneos.

Más allá del postureo, de la fotografía retocada, los planes de ensueño, los viajes imposibles de pagar o los looks más imitados de famosos e influénceres, las redes son un universo tan heterogéneo como el mundo mismo; una ventana a los idiomas, las culturas, las noticias contrastadas, el deporte, ocio, la expansión mental a través del cine, la literatura, la música o la pintura.

Son un abanico diverso que, bien aprovechado, nos llena y enriquece; pero son también una ratonera, el agujero por el que cayó el conejo blanco que de tanto hacer scroll nunca pudo volver a salir.

Y es que como todo, las redes sociales tienen un lado lúgubre y peligroso que, a veces, se pasa por alto. Especialmente cuando se trata del uso que hacen de ellas niños y jóvenes, quienes impresionables, envidian e intentan conseguir aquello que, retocado, musicalizado y falseado, su mente anhelante de crear tribu se esfuerza en imitar.

Si bien existe la herramienta del control parental, hemos de ser honestos con nosotros mismo y saber que, rozando ya la línea de meta del año 2026, no podemos mantener a las generaciones presentes y futuras ajenas al progreso digital; aunque sí debemos acompañar su uso y controlar el contenido que llega a su alcance.

Hacer directos en diversas plataformas para aumentar los followers y las views esconde el tremendo peligro de relacionarte, aceptar la amistad, los mensajes privados e incluso, las donaciones económicas de desconocidos que poco a poco y de manera sibilina pueden ir entrando en nuestra casa y nuestra cabeza.

Delimitar el acceso a las redes es tan importante para mentes en formación como hacerlo en todos los demás aspectos. Si un niño no come ciertos alimentos hasta que su organismo está preparado para digerirlos, ¿por qué no dar el mismo trato a nuestra mente para comprender el bien, el mal y las distintas caras que tiene el peligro?

Educar en redes es tan necesario como hacerlo en seguridad vial, empatía, hábitos de vida saludable, ortografía o matemáticas.

Internet y sus recovecos son una parte indefectible de la realidad de nuestra población más vulnerable, aprehendamos sobre ello y seamos acompañamiento firme y puerto seguro para una navegación lo más carente de riesgos posible.

*Escritora

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