Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | La vida por escrito

La información que comunicas

Las aplicaciones de citas son un curioso ejemplo de cómo funciona la comunicación de la información. El perfil de un usuario es estático y unidireccional. No podemos preguntar qué quiso decir alguien, corregir una impresión equivocada ni recurrir al tono de voz o al lenguaje corporal. Cuando faltan datos, la imaginación del receptor hace el resto a su antojo. Un perfil casi vacío puede parecer misterioso, pero también transmitir desinterés. La solución tal vez sería contar más cosas. Sin embargo, más información no siempre implica mejor comunicación.

Un equipo de psicólogos de las universidades de Reichman y Rochester estudió cómo la cantidad de información personal incluida en los perfiles de las aplicaciones de citas influye en el atractivo percibido y en la interpretación de las intenciones sentimentales. El resultado más interesante del estudio puede resumirse en una palabra: equilibrio. En general, más información produce impresiones más favorables y hace que el autor se perciba como más interesado en una relación seria. Pero cuando el perfil es la principal fuente de información, una cantidad moderada de información personal despierta más el interés.

Es el principio de Ricitos de Oro: ni muy poco ni demasiado, sino lo justo. Esto conecta con una idea fundamental de la teoría de la información: la información tiene valor porque reduce la incertidumbre. Al conocer a un desconocido no sabemos quién es, qué quiere, si es fiable o qué tenemos en común. El perfil funciona como un canal que permite reducir parte de esa incertidumbre. Pero reducirla no significa eliminarla. Un perfil vacío deja demasiadas posibilidades abiertas, mientras que otro excesivamente detallado puede cerrarlas demasiado pronto.

La cuestión no es cuánto contamos, sino qué información resulta significativa. Decir «me gusta la música» aporta poco; añadir que tocamos en un grupo o que nos gusta ir de conciertos en vivo ofrece más detalles sobre nuestra personalidad. En términos de la teoría de la información, cada dato relevante reduce algunas de las posibilidades que el receptor manejaba sobre nosotros. Es la lógica de la entropía informativa de Claude Shannon: la información significativa reduce la incertidumbre.

Pero en una relación que acaba de empezar hay algo que no conviene eliminar: la curiosidad. Muy poca información dificulta la confianza; demasiada puede provocar saturación o revelar incompatibilidades antes de que surja interés por descubrirlas. Entre ambos extremos aparece un punto óptimo: la información justa como para reconocer a la persona que hay detrás del perfil, pero un nivel de incertidumbre que invite a saber más.

El estudio muestra además que una persona que comparte una cantidad razonable de información puede parecer más abierta a una relación duradera. Y esto revela otro principio básico de la comunicación: no interpretamos solo lo que nos dicen, sino también cómo nos lo dicen. El significado depende del contexto, de las expectativas y de las demás señales disponibles. El emisor codifica un mensaje; el receptor lo decodifica desde su propia experiencia.

Las aplicaciones de citas complican esa operación porque reducen la retroalimentación. En una conversación presencial podemos aclarar una frase o corregir una interpretación. En el perfil de las redes sociales, una expresión ambigua puede adquirir un significado que su autor nunca pretendió.

En esta época en la que las redes sociales nos empujan a enseñar todo lo que somos, comunicar bien no consiste necesariamente en revelar más, sino en seleccionar mejor: decir lo suficiente para reducir la incertidumbre, generar confianza y dejar, al mismo tiempo, una pregunta abierta que despierte en los demás el interés por conocernos de verdad.

*Profesor de la Universidad de Córdoba

Tracking Pixel Contents