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Opinión | Hoy

El esnifante

Observadlo, si es que aún no os ha quitado esa capacidad. En medio del discurso, cuando más atontados nos tiene con su labia y su manoseo del aire, medio sonríe, medio marca los hoyitos, gesticula entero, es decir, manosea lengüeteando las palabras que esnifa y suelta con un «¡aaah!». ¿Dónde está la bolita?, ¿dónde está la bolita? Y mientras habla, esnifa, toma aire, mueve las manos en un lenguaje gestual muy bien aprendido. Y esnifa que te esnifa, ¿dónde está la bolita?, ¿dónde está la bolita? Está por aquí. Está por allí. Y a esnifar otra vez. Es la manera más cretina que se ha inventado el personaje para mentir y que no le crezca esa napia tan dura que tiene. Y no es inteligencia artificial; es anatomía platirrina y catirrina, otorrinonaringóloga, sobre todo naringóloga. En vez de echar para afuera, sorbe para adentro, pone carita de bueno, toma también aire por la boca, y suelta la prenda, es decir, el caramelo de más caramelo con el que nos va a engatusar otra vez; o sea, a engañar. Es la manera de disimular la risa que le da cuando nos ve que ponemos boca con forma de oh, admirados por el truco y sin saber cómo lo ha hecho. Nos lo repite una y otra vez, y siempre ponemos la misma boca de oh; hasta la pantalla de televisión se convierte en una oh gigante e interminable, vamos que no podemos con el recibo de la luz. Porque el esnifante o esnifador se alimenta de risa, de la risa que le da cada vez que nos la cuela y nosotros volvemos a votarlo. ¡Es tan bueno! ¡Es tan playlisto! Debe de ser algo innato, porque no creo que ese arte de birlibirloque pueda aprenderse en ningún manual del cuentista. ¿Dónde está la bolita?, ¿dónde está la bolita? Y resulta que no hay bolita ni hay nada; sólo aire que esnifar. Y volvemos a apostar por dónde está la bolita. Y el esnifante se vuelve a su casa para tomarse otra gran ración de risa.

*Escritor

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