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Opinión | Entre líneas

Reflejos vacacionales

Para Europa fueron todo un hito aquellos días de julio de 1936 en los que los franceses implantaron las primeras vacaciones pagadas, entonces dos semanas de descanso remunerado que resultaron para la economía mejor de lo que se podía esperar. Sectores como el turismo y el ocio despegaron y se comprobó que los trabajadores rendían más el resto del año gracias al empujón del largo asueto pagado. Sin embargo, el ‘invento’ no era nuevo. Ya en España, en 1918 los funcionarios del Estado disponían de una quincena y en 1931 se extendieron las vacaciones, de solo 7 días anuales, al resto de trabajadores a sueldo.

Digo todo esto porque las vacaciones son también un reflejo de cómo se transforma y evoluciona la sociedad, incluida la cordobesa. Pongo tres ejemplos recientes que me han ocurrido, sin aparente conexión entre ellos, pero significativos. Primero, cuando haciendo una gestión terminé almorzando en una franquicia de hamburguesas (Dios me libre otras pocas décadas de repetir) porque las tabernas y bares cercanos o ya no existían o cerraban por vacaciones. Segundo, al oír también recientemente una frase añeja y clasista como pocas que yo creía extinta: «Yo de me voy de veraneo como los señores». Córdoba sigue siendo muy de señorío vacacional. Y tercera, cuando, tras leer la enorme cantidad de premios que han conseguido recientemente los vinos de Montilla-Moriles me planté ante un establecimiento especializado que me habían recomendado (por cierto, qué poquitas tiendas físicas tienen los vinos de Montilla-Moriles en Córdoba, eso también llama a la reflexión) y encontrar algunas de esas joyas que tanto hay que dar a conocer a los turistas y a los propios cordobeses. Pero imposible: estaba cerrado por vacaciones.

Y es que da que pensar si la ciudad está anclada aún a las costumbres de la economía agraria, si pesa más el sector servicio en el que no hay mes como agosto (educación, funcionariado, justicia, etcétera) o si los establecimientos dedicados al turismo y la hostelería se han enterado de que los visitantes, pese al calor, nos siguen llegando en gran cantidad en esta época.

Es como un reflejo de que en Córdoba está en un momento en el que no tiene claro qué sectores productivos mandan ni cuáles los días fuertes del año para trabajar o dejar de hacerlo. Otra cuestión, por supuesto, son aquellos que no tienen vacaciones. En ese aspecto los autónomos llevan, literalmente, un siglo de retraso.

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