Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | La clave

Llanto por un poeta

Se cumplen ya noventa años desde que una vereda entre olivares granadinos viera caer el cuerpo inerte de Federico y como cada mes de agosto van aflorando homenajes, reposiciones de series o nuevas antologías. Volvemos a recordar la figura insigne, mítica, y sobre todo andaluza, de nuestro mayor poeta universal (afirmación de dimensiones cósmicas viniendo de una tierra de poesía como España). Hablamos de Federico García Lorca, de familia burguesa de la vega granadina, el artista integral que supo fusionar lo culto con lo popular, capaz de narrar desde trágicos dramas de gitanos hasta la poesía de vanguardia plasmada en su Poeta en Nueva York. La mayor expresión de hibridación entre la tradición folclórica y las nuevas estéticas europeas de comienzos del siglo XX.

Prosista lírico, dramaturgo del pueblo con su teatro La Barraca, periodista literario, compositor de canciones populares, pianista, pero, sobre todo, poeta. Un artista total que no pudo enamorar a un país que se tambaleaba en aquellos años 20 y 30 del pasado siglo y que estaba empeñado en autodestruirse. Un poeta del duende, que se estremecía escuchando una soleá, amigo de toreros como Sanchéz Mejías, de pintores como Dalí o de músicos como Falla, un artista envuelto en arte. Poeta revolucionario que se tropezó con una España entre monárquica y republicana, siempre dispuesta a una nueva asonada. Su revolución no fue otra que la de la libertad extrema, de la creatividad sin cortapisas, la del amor puro, que no le impidió tener amistades de todos los pelajes, republicanos, monárquicos e incluso falangistas. Tuvo la mala suerte de habitar una España rancia que no le supo entender, una España cainita donde el arte se veía ahogado, prueba de ello que grandes artistas coetáneos como Buñuel o Picasso marcharon a otros países para dar a conocer sus obras. Federico ha sido y será el artista más traído y más llevado de nuestra historia: su homosexualidad, su relación con José Antonio, la posibilidad de haber conseguido el Nobel, su cadáver aún no hallado… La leyenda de un poeta hecho de malva, de hinojo, de marisma y de acequia.

Reivindico desde aquí el andalucismo, la españolidad y la universalidad de Lorca. Su arte no merece ser manchado ni instrumentalizado por la política y menos por la violencia de aquellos oscuros años. El arte no es de nadie, es de la humanidad. Federico, nuestro, sin emblemas ni banderas.

«Tardará mucho tiempo en nacer...», y no llegará otro como él. Lorca es y será cante, olivo, Genil, sierra; soberano nazarí, señorito alegre de la Vega de Granada, encanto de hombres y mujeres, un ser de plata tocado por la pena negra. El protagonista de una tragedia andaluza que solo podía acabar en un olivar polvoriento y triste.

*Profesor

Tracking Pixel Contents