Opinión | Tribuna abierta
Otros eclipses
Un eclipse de sol da para pensar. A diferencia del hombre de las cavernas e incluso de algunas civilizaciones antiguas, que se veían sorprendidos por la oscuridad de lo inexplicable o recurrían a explicaciones míticas o religiosas, hoy es un espectáculo astronómico bien conocido de mayor o menor efecto según desde donde se contemple. Está escrito que donde la ciencia avanza la religión retrocede y la mercancía reluce con indestructible atracción. Un eclipse en un lugar donde la ocultación del sol llegue a ser total se convierte en una oportunidad de hacer negocio. Una azotea alquilada, un cómodo asiento en la playa, unas gafas homologadas al caso, una angustia atávica con la botella de champán por descorchar... Dura poco el fenómeno y ya el eufórico brindar por el sol renacido.
Es un decir. A muchos kilómetros del término municipal de Niebla, donde un incendio devora desde hace días a la Naturaleza, una inmensa y densa nube negra oscurece el sol como símbolo del ocaso de una civilización. Estas imágenes, en sentido simbólico o alegórico, ocurren con mucha frecuencia. No hay más que abrir los ojos. Seguir a los que niegan el cambio climático es una ceguera cuasi apocalíptica y recuerdan las palabras de Rey Lear en la obra de Shakespeare: «He aquí el signo de nuestros tiempos: Los locos conduciendo a los ciegos». Se produce, pues, como un eclipse: no vemos la lucha entre lo privado del bosque y la exigencia de que sea el dinero público quien deba cuidarlo y desbrozar la maleza «por el propio interés nacional». Es como el «págame la sirvienta, que a mí me va a dar algo». Manda uebos, ¿no? El 75% de los bosques está en manos privadas y como le diría Paco, el del molino, al cacique d. Valeriano en Requiem por un campesino español de Ramón J. Sender: «La República ha sacado una ley para que los «bienes de señorío» sean devueltos a los municipios. Si el señor duque tiene tantos títulos de propiedad sobre esas tierras que los enseñe». El joven concejal sabía que eran tierras conquistadas por la espada durante la Reconquista. «Hay leyes, y leyes de reyes», acertó a responder el cacique.
Pues una cosa así ocurre con nuestras ciudades en el norte de África. Son españolas por derecho de conquista desde hace siglos, tantos como han sido reivindicadas por los sultanatos de Marruecos, eso hay que reconocerlo. Pero es difícil imaginar que mientras haya enterrado en esa tierra un español no haya un español vivo guardando su memoria. La marcha de 80 mil personas no es la tan temida «marcha de la tortuga», es decir el lento y constante aumento de la población musulmana. Es una invasión muy rara. Pues ya me dirán ustedes si no son bastantes para que no se vean venir y si no es extraño que 70 mil se vuelvan a las pocas horas por donde habían venido. Una especie de eclipse que deja la visión aterradora de esos cientos de chanclas flotando en un mar proceloso de olas tiernas en la frontera de Ceuta. La visión se nubla. Se te hace como un nudo en la garganta. ¿A quién pertenecen? ¿Dónde se esconden sus poseedores? ¿Yacen sus cuerpos sobre la arena del fondo marino quizás pisoteados por la avalancha humana que pasaban sobre ellos para alcanzar...? ¿Alcanzar qué? He aquí una pregunta para todas las conspiraciones. Huyen del hambre. Huyen de la guerra. Buscan trabajo. Buscan la libertad. Quieren invadirnos. Quieren islamizarnos. Están desesperados. Están manipulados. ¡Las redes sociales! ¡El Trump imperial! Hay que protegerlos en sus derechos humanos. Hay que echarlos al co... de su madre...
Hay que aceptar como un eclipse histórico el legado de la colonización europea en África y la miseria que deja y sube hacia nuestras ciudades autónomas convertidas en dos talones de Aquiles que ponen sordina a nuestra soberanía. La angustia de aquella señora ceutí que confesaba en incontrolado llanto a la ministra de Defensa su miedo, su temor, duele como esas chanclas a la deriva, como esos vecinos que abandonan sus casas cercadas por el fuego.
*Político y periodista
- Nadie espera encontrar esto en un pueblo de Córdoba: un viaje a la Prehistoria gracias a una ruta senderista de 6 kilómetros
- El pueblo de Córdoba cuyo nombre significa 'el bello castillo' en honor a una de las fortalezas más impresionantes de España
- Sol pleno y sin lluvias en los últimos coletazos del verano: esta es la previsión de la Aemet y la fecha fijada para un cambio en el tiempo
- Salvador Fuentes, presidente de la Diputación de Córdoba: 'No sé si volveré a ir en las listas, la idea que tengo ahora es cumplir mi mandato
- Inmaculada Román, directora de la cárcel de Córdoba: 'La introducción de sustancias y objetos prohibidos a través de drones es un desafío
- Las Noches del Patrimonio desbordan la noche cordobesa: gladiadores, castratis, Averroes y Cervantes
- La obra de emergencia de la variante de Las Angosturas de Priego de Córdoba durará cinco meses
- La Diputación de Córdoba felicita a Los Pedroches por el reconocimiento al mejor jamón del mundo
