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Opinión | Escenario

Paseo marítimo (2)

Habría titulado esta columna Las bicicletas son para el verano, pero habría supuesto copiar descaradamente el de la conocidísima obra de teatro escrita por Fernando Fernán Gómez en 1977, que le valió en 1978 el Premio Lope de Vega del ayuntamiento de Madrid. Se estrenó en el Teatro Español en 1982 y, más tarde, en 1984, tuvo su versión cinematográfica; en ambas ocasiones cosechó gran éxito de público y crítica. El título se refiere al deseo de su protagonista, Luisito, un adolescente que quiere que su padre le compre una bicicleta para poder salir con una chica y pasear con sus amigos durante las vacaciones de verano, a lo que el padre se niega hasta que apruebe la Física, que es la asignatura que le falta para terminar el bachillerato. Es el verano de 1936, estalla la guerra civil española y la cuestión de la bicicleta se va posponiendo hasta que al final de la guerra le resulta necesaria, pero no para divertirse, sino para ponerse a trabajar.

En realidad, como este artículo es la continuación del de la semana pasada, debe seguir llamándose Paseo marítimo, al que describimos como arteria deportiva de Fuengirola, por la que propios y foráneos pasean, caminan, corren y acceden a las playas. La calzada, que tiene la velocidad de circulación limitada a 30 Km por hora, permite la coexistencia de camiones y furgonetas de reparto, coches, patinetes eléctricos y bicicletas. Precisamente esta mañana, durante mi paseo con Kira, he visto pasar en bicicleta a Manuel Guillén del Castillo, tan vinculado a las ciencias de la actividad física y el deporte, y compañero en la Real Academia de Córdoba. Como cada cual tiene sus conexiones neuronales y las mías se vinculan al teatro -ya saben, Escenario- al verlo, inmediatamente he recordado la obra teatral.

El Paseo Marítimo, dentro de la misma arena, incluye mobiliario urbano relacionado con el deporte infantil -toboganes, escaleras, cuerdas, barras por las que subir y bajar- y para adultos -bicicletas, elípticas fijas, barras y aparatos de cintura biosaludables, también llamados plataformas o platos de torsión-; también hay redes fijas para jugar a vóley en la playa de Las Gaviotas y en la del Castillo. Ésas son las oficiales; también hay otras que los aficionados instalan, que se admiten amablemente y acumulan espectadores, especialmente si el partido es femenino. Piensen lo que quieran. Esta tarde me he encontrado, también paseando, aunque no en bicicleta, con otra compañera de Academia, Mª Dolores Ruiz de Villegas García Pelayo. Decididamente, el Paseo Marítimo de Fuengirola -que no se moleste nadie- es el Paseo Marítimo de Córdoba.

*Académica

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