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Opinión | Al paso

Chiquilla eclipsada

Resulta que iba andando por la Avenida Barcelona y justo antes de llegar a la fuente de la alpargata, mi niña y yo paramos a desayunar. La camarera que atendía al respetable sí que era de respetar porque aparte de jovencilla y apañá era súper trabajadora y rapidísima. Cuando me vio sentado allí me miró con agrado y me dijo que yo había sido el abogado de su tía o su madre (la verdad es que no me acuerdo). La joven trabajaba con tanto ahínco que me hizo recordar los tiempos de la juventud en el sentido ese que dice que «juventud, divino tesoro». Pero inmediatamente después llego a nuestra mesa otra chica muy guapa también, pero con la mirada triste casi desarbolá y con la barriga hasta la boca. Me pidió un euro y medio para un cartón de leche y al principio me equivoqué porque pensé que era para un porro o algo así y le dije sin cortarme un pelo que yo no podía colaborar en enganches y menos en una mujer embarazada. Pues ante mi desconfianza me dijo: «Venga usted conmigo a comprarla que es para mi niño chico». Por supuesto que se lo di. Entonces al verla, repito, tan joven y tan guapa, pero con la mirada muy cansada, le pregunté por su pareja y me digo que estaba durmiendo. La chica no parecía de Córdoba y entonces, metiéndome yo en camisa de once varas le digo: «Vete para tu casa, con tus padres, y deja a ese malnacido que no quiere ni la camisa que lleva puesta». En fin, nos miró con desesperación (también a mi hija) y me dijo: «Lleva usted toda la razón y me impresiona lo que dice: ¿es que me conoce?». «No hace falta corazón, llevas tu vida en tu mirada». Entonces me miró como si fuera su padre, con unos ojos tan destruidos que nunca los olvidaré, y se marchó.

Ese día toda la gente hablaba sin parar de un eclipse sin darnos cuenta de que aún hay muchas mujeres eclipsadas años y años por una piara de malas personas. Después de esta reflexión, lógicamente, le dije a mi niña: «Cariño mío, mira una y mira la otra. Sé perfectamente la que no quieres ser y yo tu padre te lo digo: sé que de las dos prefieres ser la camarera. Normal porque la ves normal, pero sobre todo porque no tiene que rogar pidiendo. Es verdad que todos estamos expuestos a un amor egoísta y que la suerte, aunque sea un misterio, también nos maneja. Pero te pido que seas valiente (y yo me encargaré de que lo seas en lo que a mí me compete) para que no olvides que la mala suerte o el amor egoísta, si te pillan, que te pillen con el poder de la independencia, ya seas camarera o científica. Y cariño, ama a tu pareja hasta no poder más, pero, sobre todo, que no tengas que estar con ella obligada porque no tengas ni para caerte muerta. Que ningún malnacido te eclipse».

*Abogado

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