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Opinión | Punto y coma

Quince minutos en Olimpia

Llegamos a mitad de agosto y, si bien el panorama político de España continúa esperando para volver a resonar con estruendo a comienzos de septiembre, quizás la artillería pesada de esta humilde pluma deba descansar, aunque sea solo para imaginar que la situación no es nefasta.

Un buen plan para ello es hacer deporte. Es de Perogrullo insistir en que resulta beneficioso para la salud, pero conviene detenerse en otra de sus virtudes: la sensación de paz que experimenta el cuerpo cuando termina un ejercicio físico exigente. Mientras practicamos un deporte, el cerebro llega a alcanzar un estado de concentración en el que los problemas, si los hay, permanecen aletargados. El cuerpo reclama nuestra atención y la cabeza deja de ocuparse de aquello que parecía inaplazable. En el deporte, dolor y placer se funden a partes iguales y ambos desembocan en una satisfacción que está al alcance de cualquiera. Si usted piensa que ya es mayor para comenzar, permítame recordarle que nunca será más joven que hoy. La fuerza de voluntad también se entrena y, una vez dominada la molicie, y, si la salud acompaña, todo irá rodado. Permanecer en forma al tiempo que cumplimos años significa respetar nuestro cuerpo y nuestra mente. Naturalmente, existen variables que no dependen de nosotros, pero aprovechar todo aquello que sí está en nuestras manos será probablemente uno de los mejores regalos que podamos hacernos.

Resulta fundamental regresar a los clásicos: «Conócete a ti mismo», rezaba la máxima inscrita en el templo de Apolo en Delfos. En efecto, saber hasta dónde podemos llegar será imprescindible. En ocasiones, incluso, ocurrirá algo extraordinario: sentiremos que, aunque sea durante quince minutos, también nosotros habitamos en Olimpia.

*Lingüista

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