Opinión | Tribuna
Alzad la mirada
En el 90 aniversario del martirio de la Beata Victoria Diez, miembro de la Institución Teresiana. El lema oficial de la visita del Papa León XIV a España en junio de 2026, «Alzad la mirada», resuena con fuerza especial en Córdoba. Lo encarnó, décadas antes, Victoria Díez, una de las figuras más queridas de la iglesia cordobesa. Victoria llegó a Hornachuelos para ejercer como maestra en 1928. Allí desarrolló su labor educativa centrada en la dignidad de la persona. Para ella enseñar no era solo transmitir contenidos; era ayudar a los niños y a las familias a levantar los ojos por encima de la pobreza, la ignorancia y el desaliento.
La invitación del Papa a salir de uno mismo, a ampliar el horizonte, a reencontrarse con lo que de verdad importa nos lleva directamente a la escuela de Victoria.
Ampliar el horizonte no es marcharse lejos. A veces es levantar los ojos para saludar al vecino, es preguntar por el que no viene a clase , es hablar aunque tengas miedo, es elegir la esperanza cuando sería más cómodo endurecerse.
Victoria ampliaba el horizonte con tres gestos: enseñar, servir y esperar. No prometía que todo iría bien. Prometía que nada de lo humano le era ajeno a Dios y, por tanto, a ella misma, a nosotros.
«Alzad la mirada», decía a sus alumnas. No era un acto de ingenuidad. Era un acto de fe y de coraje. Para ver al compañero, para ver el río, la cosecha, para descubrir que importamos porque los demás importan.
Victoria no tenía grandes discursos. Tenía clase a las nueve, cuadernos que corregir y una convicción obstinada: que cada persona vale porque Dios la ha mirado primero. Por eso ella miraba también. Sin prisa, sin miedo.
Salir de uno mismo. Victoria lo practicaba cada día. Se quedaba después de la clase para la niña que no entendía. Llevaba comida a la casa de quien no tenía. Defendía en el pueblo que educar era apostar por el futuro aunque el presente doliera.
Reencontrarse con lo que de verdad importa es volver al centro cuando todo te empuja a la periferia de la crispación, del enfado, de la queja, del yo.
León XIV lo dijo para España entera. Victoria lo vivió en un aula, en un pueblo. Para ella lo que de verdad importaba era la niña que faltaba, la madre que lloraba, la verdad no negociable.
Alzó la mirada no para negar lo difícil. No para huir de la realidad, que ella atravesaba con esperanza. Para recordar que detrás de lo difícil hay gente, hay futuro, hay cielo. Y, si como ella, salimos de nosotros mismos, el horizonte se ensancha y, de pronto, cabe más amor del que pensábamos.
«Veo el cielo abierto» . Estas fueron sus últimas palabras antes de la muerte. Murió el 12 de agosto de 1936, pero no por callar. Murió por no bajar la mirada.
Si Victoria viviera hoy, ¿dónde pondría la mirada?
Esta tarde, a las 20.00 horas, en la sede de la Institución Teresiana (Plaza de la Concha nº 1), tendrá lugar una eucaristía de acción de gracias presidida por D. Adolfo Ariza Ariza, director del Instituto de Ciencias religiosas Beata Victoria Díez, a la que están invitadas todas aquellas personas que deseen asistir.
*Institución Teresiana de Córdoba
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