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Opinión | Colaboración

Anagnórisis

El pueblo español sigue indignado con la casta política. Y a pesar de que las causas cada vez de mayor calado─ se amontonan, se asume con impotencia que las acciones acometidas contra esa clase extractora hayan resultado inútiles y que todos los protagonistas de aquellas correrías terminen engrosando las filas de la misma casta que lo vampiriza todo para hacer… más vampiros. Juego de Tronos, vamos.

Aceptamos, inermes, que muy en contra de aquel «no hay pan para tanto chorizo», siempre habrá pan para todo chorizo que se precie. Porque si visto el grado de corrupción política y agredida nuestra soberanía territorial con un alpargatazo no arde Troya, habrá que aceptar que el pueblo español ha quedado vacunado contra todo referente en la acción política.

Tampoco creemos ya en «quince-emes». Sabemos lo fácilmente que se apaga el eco de los gritos y lo presta y prontamente que partidos preexistentes y emergentes se traicionan a sí mismos y se malogran.

La solución no es ni de derechas ni de izquierdas sino nuestra y radica en el estrecho control de los poderes políticos. Reescribamos la Ley Marco. Entendamos que somos mayoría ─Anguita dixit─; que sólo el pueblo salva al pueblo, como se oye ahora, y que esa solución pasa por la acción ciudadana: pacífica, serena, sostenida y bien planificada.

Creámonos, de una vez, el artículo 1.2 de la Constitución: somos el poder político supremo de España. Reconozcámonos, los sometidos, como Pueblo soberano. Anagnórisis, lo llaman. Es hora de tomar las riendas. Exijamos ─como postulamos en la Junta Democrática de España─ el cambio de las reglas del juego para elegir directa y separadamente a la persona que nos gobierne; y a una sola más que represente, en el Parlamento, a su pequeño distrito de vecinos ─como en Reino Unido (monarquía) y Francia (república)─, pero sometida a la potestad revocatoria del cargo. De esa forma, ninguno de nuestros diputados por Córdoba nos habría traicionado con el sí a la ley de amnistía ; ni el amo de esa banda estaría uncido a yugo de interés alguno ajeno al de una deseada España de indubitada realidad pluricultural, bajo una plena libertad ─la de todos─ que sólo garantiza ─sostenemos─ la pacífica fortaleza de la unión generosa, jamás el conflictivo y debilitador chovinismo cainita y excluyente.

Hemos demostrado cómo juntos ganamos al mundo y acabamos ungidos por el desubicado hegemón estadounidense. La receta: equipo. Y fluido toque de balón entre muy diversos jugadores de una misma nación. Sigamos siendo ejemplo para España, Europa y la Hispanidad; también en lo político.

*Delegado en Córdoba de la Junta Democrática de España.

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