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Opinión | Tribuna abierta

El mundo en llamas y España también

Si está cerca de la línea del fuego, cierre ventanas y puertas, use sábanas o toallas mojadas para tapar las ranuras por donde pudiera entrar el humo y espere alerta las indicaciones de las autoridades. Si está lejos, contemple en las imágenes televisivas la lucha titánica de los bomberos y cuerpos auxiliares para evitar la calcinación del país y, si tiene ánimo, escuche la controversia, las acusaciones, la bronca de los políticos. ¿Previsión? ¿Extinción? Es dilema digamos que básico, cuestión de prioridades presupuestarias y asuntos de política nacional e ideologías de vía estrecha y bolsillos de ancha corrupción.

Yo estoy escuchando ahora por una emisora de radio una tertulia que empezó con la controversia de si hay cambio climático (o, como siempre, en el verano hace calor y los montes arden) y acaba culpando a la inmigración. Un batiburrillo en el que meten a Rousseau y a los naturalistas, animalistas, antitaurinos, a esos que «abrazan a las mariposas», etc., y animan a desbrozar el bosque con el pastoreo, como Sancho animaba a su señor Alonso Quijano a que no se muriera, sino que se levántase de la cama y se fueran al campo, vestidos de pastores, a luchar contra las macrogranjas. (Mis disculpas. Un anacronismo, ciertamente).

Pero más me perturba un argumento ante la propuesta de un Pacto Nacional contra el cambio climático: Si el clima está cambiando es «de locos» pretender hacer un acuerdo con el Clima. Con la Naturaleza no se dialoga, se domina- dicen... Bueno, es un decir. Porque la realidad es que en lo que se piensa es adaptarse al cambio climático. Que la temperatura sube, pues subimos el aire acondicionado. Que tal alimento desaparece, pues lo transformamos genéticamente para que resista. Que el hielo polar se deshiela y el nivel del mar sube, pues construimos playas en los montes. Que no puede ser lo que es imposible, pues nos piramos a otro planeta. Se dice pronto, pero en ello están los superricos y los que vengan detrás que arreen. Y para los que se quejen de esta distopía desde una posición democrática, pues la pregunta es: ¿Cuándo es conveniente una dictadura? Es lógico que, si no aceptamos que es el hombre quien está cambiando el clima del planeta, si se niega que hemos dado paso a una nueva era denominada por la ciencia como Antropoceno, no tiene sentido hablar de nada con nadie -como no sea con los defensores a ultranza del desarrollo industrial, la producción a escala, el consumismo desbocado, la automoción y el robot y, en suma, una sociedad controlada desde la manipulación mediáticas de las Tecnos y el uso de la fuerza con desprecio de la razón y la igualdad. Pero ¿por qué no ir a la raíz del problema si, como afirma Naomi Klein, el cambio climático lo cambia todo? Pues porque no es fácil desmontar un sistema global y un Telos irracional. Lo dijo uno con esa ingenua sencillez del hombre alienado: «Estos lo que quieren es quitarme mi coche».

*Político y periodista

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