Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | El alegato

29 años del Espíritu de Ermua

ETA surge en 1958. Transcurridos dos años de su fundación comete su primer crimen: una pequeña de veintidós meses llamada Begoña Urroz. En 1962, un boletín etarra justificaba ese asesinato: «La violencia es necesaria. Una violencia contagiosa, destructiva, que soporte nuestra lucha, la buena lucha». Euskadi Ta Askatasuna se presentaba como un movimiento heroico nacido durante la dictadura franquista como lucha por la dictadura del proletariado y por la unión de todos los pueblos en guerra contra el Estado español. Años, desde que mi memoria alcanza, que los españoles nos despertábamos a diario con un nuevo atentado. Normalizamos las bombas-lapa y las bolsas abandonadas en calles cuanto más transitadas mejor. Estandarizamos los mutilados y los muertos.

Y así, entre miedos, silencios e impuestos revolucionarios de un pueblo que siempre se ganó el respeto del resto del territorio español por su carácter y su honradez, llegamos al 30 de junio de 1997, punto de inflexión y día en el que la Guardia Civil conseguía liberar a Ortega Lara, un funcionario de prisiones que había superado un secuestro de ETA de 532 días en un zulo de 3 metros cuadrados bajo tierra.

Solo diez días después, el 10 de julio de 1997, Miguel Ángel Blanco, licenciado en Económicas y albañil de profesión, concejal del PP en Ermua y de 29 años de edad, tras almorzar con sus padres, cogió el tren que iba a Éibar para su trabajo.

Al salir de la estación, tres terroristas: Txapote, Amaia y Oker, le obligan a subir a un Ford Escort. Radio Egin, tres horas después, hace público el secuestro y las condiciones de la banda armada: si el gobierno del PP no traslada a todos los presos de ETA a cárceles del País Vasco, Miguel Ángel sería asesinado a las 16 horas del sábado 12 de julio.

En esas 48 horas angustiosas se consolidó el Espíritu de Ermua. La sociedad salió a la calle pidiendo la liberación de Blanco y los policías autonómicos vascos se despojaron de sus pasamontañas protectores de identidad para abrazarse a aquel pueblo que por fin estallaba. Pese a todo, el 12 de julio, Miguel Ángel fue conducido por sus secuestradores a un descampado de Lasarte y ejecutado con dos tiros en la nuca. Eran las 16.50 horas. Blanco quedó moribundo, siendo encontrado por dos hombres y conducido al hospital, falleciendo el 13 de julio a las 5.00 horas. Fue la víctima 800 de ETA.

Tras veintinueve años de aquel horror, seguimos teniendo sentados a seis diputados de EH Bildu que se niegan a condenar aquellas muertes, dicen que son pasado, y no reconocen a ETA como banda terrorista.

Esto también es memoria histórica y merece que las generaciones que no lo vivieron sepan que ocurrió.

*Abogada

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents