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Opinión | TRIBUNA

Francisco Gordón Suárez

De corbata

Como al Gobierno no le llega la camisa al cuerpo, ha decidido quitarse la corbata. En sus últimas apariciones el presidente luce palmito descorbatado, de ahí que a sus ministros les haya faltado tiempo para mimetizarse con el líder y mandar al altillo tan elegante prenda. Resulta llamativo que todos los varones del banco azul anden despechugados y sea Yolanda Díaz quien más use la corbata. Será porque ella, de moda, sabe un rato.

La relajación estival de la vestimenta masculina es una epidemia que alcanza incluso a las más altas instituciones del Estado, y hasta el rey de España acudió hace unos días a una inauguración oficial ataviado con una guayabera. Habrá quien lo justifique apelando a la ola de calor que nos asola, pero dudo que la realeza ande haciendo recados a pie al mediodía u ocupando un tendido de sol en la Maestranza una tarde de agosto. Por mucho que se dispare el mercurio, nada justifica tanta laxitud en el atuendo. En esto de las normas de vestimenta veraniega -dress code para los millennial- cualquier tiempo pasado fue mejor. Antes, durante la canícula, a lo más que se atrevía un españolito era a llevar una camisa de manga corta, desliz que era objeto de nuestra indulgencia sólo por la provecta edad de sus portadores. Hoy, la calle se ha convertido en un desfile de individuos vestidos como jugadores de la NBA. Camisetas de tirantes, bañadores y chanclas son el uniforme oficial de una masculinidad que, en este caso, bien puede calificarse como tóxica. Es cierto que es posible conservar cierta dignidad con un look informal -cásual para los millennial», pero no lo es menos que ni siquiera se roza la respetabilidad cuando se exhiben en público las corvas y hasta la uña del dedo gordo del pie siempre sospechosamente amarillenta. No es de extrañar que haya quien piense que acudir a una fiesta vestido de media etiqueta es hacerlo con unas bermudas a las que se le ha recortado por la mitad el marbete en el que figura el precio y las instrucciones de planchado. Otros, sin embargo, justifican el desapego al buen vestir recurriendo a su cruzada frente al cambio climático. A estos habrá que recordarles que una corbata no es una manta palentina y el único bochorno que puede ocasionar es una elección equivocada, como la habitual del presidente del Gobierno y sus horrendas corbatas pitillo de croché. Al verle con el cuello al aire descojonarse de todos en el Congreso tras perder su última votación, me vino a la cabeza aquello que dijera Oscar Wilde: «una corbata bien anudada es el primer paso serio en la vida». Nunca es tarde, presidente.

Pese a todo, hay circunstancias excepcionales que excusan el uso de la corbata. Una de ellas es cuando hay que cumplir con la obligación de acudir a un juzgado como imputado. Que se lo digan a Rodríguez Zapatero, a quien le resultó imposible anudarse una el día que fue a declarar a la Audiencia Nacional. Al parecer, notaba un volumen inusitado en la garganta...

*Abogado

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