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Opinión | Hoy

Piel de lobo

Un año más, y así hasta que decidamos redimirnos de la violencia, han vuelto a asesinar a Miguel Ángel Blanco. ¡Pobre pueblo, en el que los que se dicen ovejas matan a dentelladas a quienes llaman lobos! ¡Pobre pueblo, que ha escrito su Historia con la sangre de las víctimas de sí mismo!, y en el siglo XX, cuando el resto del mundo marchaba hacia una nueva era. ¡Pobre pueblo y pobres almas las que ha generado! No eligieron la opción de salir de su Prehistoria. Siglos de atraso en la oscuridad de su caverna. En el siglo XX tuvieron la oportunidad de luchar por su independencia según las pautas que marcaron Gandi, Luther King, Mandela... Pero qué se iba a esperar de esos híbridos que producen como líderes. Perdieron esa oportunidad, y ya el libro de su Historia rezumará sangre inocente en las manos de quien hojee sus páginas; será la Historia más vergonzante, que es la que escriben las ovejas vueltas lobos; será la Historia que escribimos todos con nuestra aquiescencia y nuestro silencio, en las familias, las calles, las escuelas. Tú también estuviste ofreciendo tu nuca y alzando tus manos pintadas de blanco, gritando esa falacia de unos sí, los otros no. Pero ahora ya es otro teatro. ¿Dónde estás ahora? ¿Qué palabrería rastrera has hecho con tu protesta y tus soflamas? Porque la situación sigue cada vez más retorcida, más mendaz, más encanallada. ¡Hacer leña de las víctimas silenciadas y no conformarse con asesinarlas, sino celebrarlo ciscándose en sus fotos, sus recuerdos y sus tumbas! ¿Tú no sabías que una sociedad tiene los políticos, la cultura, la Historia que se procura a sí misma en cada actitud y en cada palabra? Por eso, de ese pueblo que ha manchado de sangre inocente su Historia, ¿podría esperarse que surgiese un líder de la paz? Nunca. Esas figuras no nacen por generación espontánea, sino del resultado de muchas familias, maestros, escritores, periodistas, gobernantes dedicados a inyectar en sus niños de cada nueva generación odio, rencor, resentimiento, rabia, ira, ansias de sangre, aires de venganza; y, por lo mismo, podrían tener lo contrario. Esos niños, que desde el vientre de sus madres oyen violencia, maman violencia, se alimentan de violencia que los mayores les ponen a masticar y digerir, cuando nacen, cuando crecen, cuando son queridos por eso, y aplaudidos, y apoyados, y ensalzados. Los resultados hablan por los hechos. Y así se forman los corderos con piel de lobo. Y por eso, en esta tierra vieja, apolillada de odio y carcomida de hipocresía, se vive del exilio, del grito y del olvido, y por eso se alarga la sombra de Caín, y por eso hasta que no nos redimamos, no nos mereceremos la tierra de la paz.

*Escritor

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