Opinión | Tribuna libre
emma riverola
Romper la inercia
La primera ley de Newton también es conocida como la ley de la inercia: cualquier objeto permanecerá en reposo o en movimiento a no ser que una fuerza externa actúe sobre él. La ley supuso una auténtica revolución científica. Y también es el título de la poderosa comedia de Eu Manzanares que se celebra en La Villarroel (Barcelona). Una de esas obras que, entre carcajadas, te ofrece unos cuantos temas para la reflexión.
Sobre el escenario, la comprometida directora de un centro escolar de «alta complejidad» (que nadie diga conflictivo) premiado por su proyecto educativo, un alumno que se juega el título de la ESO y el contrato con un equipo de fútbol profesional por haber copiado en una asignatura, dos profesores con miradas pedagógicas opuestas, una madre dispuesta a todo para defender a su Izan y una ‘influencer’ que no entiende nada. En la obra todo funciona. El texto es carcajeante e inteligente, la dirección lo hace volar y los actores sacan lustre a cada frase. De fondo, conciencia de clase y dilemas morales. ¿Cómo romper la inercia? ¿Cualquier empujón es válido? En el fondo, la disyuntiva del mal menor.
Como casi siempre, lo que ocurre en la escena tiende puentes con la actualidad. No siempre de un modo directo -en este caso, el conflicto escolar- sino también con el momento político. Hoy, la inercia nos conduce hacia el mismo lugar que ya habitan otros países de Europa, EEUU, Argentina, El Salvador, Chile, Israel y tantos otros. La derecha radical populista empuja con fuerza y, en su movimiento, succiona a los partidos conservadores. Ahí tenemos al PP que, en apenas unos días, ha plantado la semilla para la derogación del aborto con la ley del concebido no nacido y ya apunta recortes sociales con la cruzada de Feijóo contra el «cáncer» del absentismo (¿cómo se puede ser tan patán con las palabras?) y que aboga por bajar el sueldo a las personas de baja médica. ¿También bajará la cuota de la hipoteca o del alquiler?
Pienso en el caladero de votos que la ultraderecha ha encontrado en los jóvenes de clase trabajadora. Por el arte de la manipulación, muchos la eligen como un acto de rebeldía antisistema, esperando que el milagro les haga sentirse más fuertes y, de paso, les aumente los pírricos sueldos y les proporcione algo parecido a un futuro. Desde la atalaya intelectual, ese voto es un error, una trampa al solitario. Una decisión tan reprobable como la del joven Izan copiando para aprobar. Pero, cuando oyes a la madre del personaje y conoces sus vidas, la situación despierta el interrogante: ¿es lícito hacer trampas cuando el sistema es injusto?
No es el voto de esos jóvenes el que debe ser juzgado, sino la injusticia que les ha hecho contemplar la ultraderecha como una salida plausible. La autora de ‘La primera ley de Newton’ podía haber hecho un drama, pero ha escogido el poder de la risa para desnudar una realidad de desigualdad y de falta de expectativas. Es ahí, en esa realidad, donde se gana o se pierde la democracia. Es ahí donde puede romperse la inercia.
*Escritor
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