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Opinión | Tribuna abierta

Córdoba tiene que coger el tren

La continuidad del tren de proximidad entre Palma del Río y Villa del Río es una buena noticia para la provincia de Córdoba. Que el Consejo de Ministros haya acordado prolongar su actividad, después de tres años de experiencia piloto, supone reconocer que el Valle del Guadalquivir necesitaba alternativas reales de movilidad y que el ferrocarril puede desempeñar un papel relevante en este sentido.

Pero dicho esto, conviene evitar el conformismo y el aplauso fácil. Mantener el servicio debe llevar aparejadas una serie de mejoras. Un tren de proximidad solo cumple su función si es útil para quien estudia, trabaja, acude a una cita médica, realiza gestiones o quiere desplazarse entre municipios sin depender obligatoriamente del vehículo privado. La continuidad debe ir acompañada de un avance en la calidad, fiabilidad y de conexión con las necesidades reales de la población.

El llamado Tren del Valle del Guadalquivir nació como una oportunidad para recuperar una provincia conectada también a nivel interior. Durante demasiado tiempo, el debate ferroviario se ha centrado casi exclusivamente en la alta velocidad y en las grandes conexiones entre capitales. Nadie cuestiona el valor de esas infraestructuras, pero no puede ser la única respuesta.

La continuidad del tren de media distancia Palma del Río-Villa del Río debe ir, por tanto, unida a una exigencia clara de horarios acordes a la demanda, estabilidad en las circulaciones, información ágil ante cualquier incidencia y un compromiso para reducir los retrasos, porque haberlos, haylos. También es clave avanzar en las paradas previstas. La reapertura de las estaciones de Almodóvar del Río y Montoro es necesaria y la de El Carpio, además, supondría un respaldo a la Base Logística del Ejército de Tierra.

Y ya subidos en el tren, hay que recordar que la provincia tiene más corredores pendientes. La recuperación de la línea convencional Córdoba-Bobadilla para viajeros constituye otra necesidad. Fernán Núñez, Montemayor, Montilla, Aguilar de la Frontera y Puente Genil forman parte de un eje poblacional, empresarial y comercial de gran importancia. Hoy, esa infraestructura mantiene tráfico de mercancías, pero no presta servicio a pasajeros. Esa desconexión resulta difícil de justificar en una comarca con capacidad industrial, vocación logística y un importante tejido de pymes. Así lo hemos expresado en numerosas ocasiones los empresarios.

Para el comercio, por ejemplo, la recuperación de esta línea es una herramienta de cohesión económica. Facilitar los desplazamientos entre la capital y la Campiña Sur permitiría ampliar mercados, acercar clientes, favorecer el turismo interior y ofrecer más oportunidades a quienes viven fuera de Córdoba capital. También ayudaría a retener actividad y población en localidades que no pueden quedar al margen de las redes de movilidad del siglo XXI.

Además, la reactivación del servicio de viajeros sería coherente con los objetivos ambientales que todas las administraciones proclaman, al menos hasta ahora. La sostenibilidad se concreta cuando una persona puede ir a trabajar, estudiar o comprar sin tener que recorrer decenas de kilómetros en un coche privado. Cada tren que sustituye los desplazamientos por carretera reduce emisiones, consumo energético, congestión y dependencia de combustibles fósiles, por mucho que algunos aún se empeñen en negarlo.

El ferrocarril convencional debe ser entendido como una infraestructura verde, social y económica. Verde, porque puede reducir la huella ambiental de la movilidad. Social, porque conecta a quienes no disponen de vehículo propio. Y económica, porque mejora la competitividad de los territorios y de sus empresas. En una provincia extensa y diversa como Córdoba, estas tres dimensiones deberían estar en el centro de cualquier planificación.

La tercera asignatura pendiente es la línea Córdoba-Almorchón. En este caso, las dificultades son mayores. La recuperación de un trazado de más de 130 kilómetros, del que solo permanece operativo para mercancías un pequeño tramo, exige inversiones cuantiosas, como la electrificación de parte de la vía. Y lo peor es que el norte de la provincia y el sur de Badajoz llevan décadas viendo cómo se aprueban mociones, declaraciones institucionales y promesas que quedan en nada. Este ha sido un claro ejemplo de que la voluntad manifestada por nuestros representantes públicos ha sido inversamente proporcional a su capacidad de acción.

En cualquier caso, Córdoba necesita una política ferroviaria provincial firme. La continuidad del Palma del Río-Villa del Río debe consolidarse. La Córdoba-Bobadilla tiene que recuperar viajeros. Y la Córdoba-Almorchón necesita, al menos, una hoja de ruta seria que convierta una reivindicación histórica en un proyecto posible. El tren debe volver a ser una herramienta cotidiana para vivir, trabajar, generar riqueza y construir provincia.

*Presidente de Comercio Córdoba y de Comercio Andalucía

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