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Opinión | Cielo abierto

Renovarse o vivir

El verano es el tiempo de la renovación. Vivimos, respiramos, y con este calor se incendian los pulmones con un aire de fuego. Nos sentimos así: con la temperatura dentro de nosotros, en esa encrucijada que ahora anuncia un cambio de ciclo en la arena caliente. Empujamos las puertas que ayer nos hicieron adentrarnos en unos escenarios atractivos, con humo de verdad, porque nos ofrecían un paisaje para poder crecer. Pero ahora llegas y cruzas esa misma puerta, dejando un mundo atrás, y te encuentras frente al desierto del Parque Nacional Big Bend, donde Wim Wenders rueda ‘París, Texas’, en el verano tórrido de 1983. Al otro lado de la puerta de cristal descubres la intemperie que ahora lleva tu nombre, te saluda y se escribe con tu rostro. Eres hermosa y has vivido, porque los escenarios que perdiste son un pequeño pueblo, con su sheriff pequeño y su contorno de lindes diminutas, asfixiantes, ya muy diluidas. Hay que salir pronto de esas latitudes de toxicidad, porque luego te obligan a sacar al boina verde que guardamos dentro, como Stallone en ‘First Blood’, que antes es la novela de David Morrel y después la película, igual que ‘París, Texas’, sobre la soledad de algunos hombres y mujeres en largas carreteras que conducen al interior de un país, ahora sumergido en un desierto de almas a la deriva. Salir de esa deriva es encontrar un cielo oceánico y desnudo, muscular y abierto sobre ti, con amplias carreteras y paisajes que ahora sólo aguardan hasta ser recorridas por su creatividad, por tu talento, por tu capacidad para ser diferente y, a la vez, verdadera.

El verano es el tiempo de la depuración. Creo en ti, seas quien seas. Creo que eres capaz de salir de esa isla que ha sido tu existencia, con sus muros de agua alrededor y también con esbeltas lejanías que parecen hablarte, entre susurros, de las otras versiones de ti misma que cabalgan también las olas de un presente que de pronto es probable. Nos hemos caído, o nos han empujado, sólo para saber que la virtud más alta es levantarte y seguir manteniendo tu postura, tu elegancia en el vuelo, esa capacidad para cambiar la luz del decorado y convertirlo en algo alucinante. Eres un continente. Llegamos a este tiempo con nuestro cansancio un poco en carne viva, pero esa carne puede alzarse en la ventana con la brisa que llega de los árboles y el silencio apacible del jardín en Sunset Boulevard.

Resistir es cambiar sin deshacerte nunca de lo mejor de ti, porque sigue brillando. Mírate en el espejo, una vez más, en esos ojos cálidos que guardan la caricia despierta del futuro. Todo va a salir bien. No estás acorralada, sino entre Texas y París. El aire de las hojas traerá nuevas palabras: renovarse es vivir.

*Escritor

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