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Opinión | El alegato

Edadismo

Como voy teniendo una edad que me permite hablar con cierta autoridad, con alguna lucidez aún y con pocos filtros, me apetece dedicar este alegato a esa etapa de la vida que la corrección política califica con eufemismos tales como «persona de la tercera edad» o «jubilado», y la corrección literaria como «emérito», «añoso» o «venerable», como si esas expresiones vinieran a suavizar las connotaciones negativas que la palabra «viejo» implica.

Si de estados etarios se trata, si un niño es un niño y un adulto es un adulto, yo quiero ser vieja, -cuando lo sea, claro está-, sin marcas blancas que maquillen mi vejez.

Que por la bonanza social se pretenda, desde un punto de vista estético, revestir la vejez con otros vocablos supuestamente menos ofensivos, mientras para las formaciones políticas el viejo es solo un nicho de votos al que hay que romantizar sus achaques y sus soledades, es el más cruel edadismo imaginable.

El 15 de junio de cada año se celebra del Día Mundial de la Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez. Entre las posibles violencias ejercidas contra los viejos, están aquellas de tal sutileza que no dejan huella pero que minan completamente su autoestima.

Una de estas situaciones es el tuteo indiscriminado en todos los ámbitos sociales al anciano, pero resaltable es el instaurado en la relación entre el personal sanitario y los pacientes.

No logro justificar, -y estoy segura son progre-fobias al manual de urbanidad y buenas maneras-, que un profesional de la sanidad se dirija a un octogenario como si estuviese hablando con su abuelo en la cena navideña.

Quiero pensar que se intenta favorecer el trato con el paciente, creando un ambiente de cercanía que le dé seguridad, pero creo que no se consigue el efecto perseguido, sino que ese anciano que es tuteado por el médico mientras la enfermera le dice «dame el brazo, cariño», está teniendo la impresión de no ser tomado en serio y ser tratado como un niño que tiene dolor de tripa por un atracón de chuches.

A esos que piensan que el tuteo nos hace más iguales ante la ley, decirles que están errados. Ante la ley debemos ser iguales en derechos, pero también en deberes. No hay obligación más importante que respetar a nuestros mayores.

Si la publicidad me vende mejunjes para ocultar mis arrugas, tintes para tapar mis canas y pilates para mis bisagras chirriantes, no romanticen mi almanaque que de eso ya me encargo yo.

Confucio decía que la vejez es algo bueno y placentero porque te aparta suavemente del escenario, pero te da un cómodo asiento en la primera fila como espectador; yo que no soy filosófica sino más de paremiario quijotesco, lo traduzco con el consabido refrán del convento.

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