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Opinión | Cerca de ítaca

Eudaimonía y determinación

Séneca nos advierte: «Si un hombre no sabe a qué puerto navega, ningún viento le será favorable». Por ello, la determinación es esencial

Hablar del sexo de los ángeles, en unos momentos político-sociales de una gravedad extrema que atraviesa España de punta a punta, donde cada una de las dos mitades ha de helarte el corazón, como ya nos dijo en su día Antonio Machado, me parece como poco una frivolidad. Ya nos lo predijo el Quijote en una de sus aventuras desastrosas, magullado tanto él como Sancho: «Vinieron los sarracenos y nos molieron a palos, que Dios ayuda a los malos cuando son más que los buenos». Aquello no fue óbice para que el esforzado, como diría en su día Ortega, en el Espectador en «Meditaciones desde el Escorial» -artículo sobre la melancolía- no dejara de persistir en su compromiso de defender a capa y espada a los más menesterosos, hoy vulnerables, que son mas de los que, acomodados en nuestra zona de confort, podemos imaginar...

Don Alonso Quijano, en el Quijote, pierde el duelo en la playa de la Barceloneta con el Caballero de la Blanca Luna, que no es otro, que el bachiller Sansón Carrasco y es en ese momento, cuando entra en melancolía para fallecer, precipitadamente, una vez ha perdido el rumbo de su vida. Hasta tanto, no ha cesado en su empeño, en su proyecto de ejercer la caballería andante, enfrentándose en solitario a todas las adversidades que le retaron en el camino emprendido, y también con el maltrato físico y moral, de aquellos que le consideraban loco y fuera de normas, incluidos los duques que se mofaron de él cruelmente, y en los que confiaba ciego, como tantas veces nos ocurre en la vida con los más cercanos. Este es el ejemplo a seguir en estos peligrosos momentos, de quiebra de la convivencia nacional, como quienes en julio de 1936, no podían imaginar una guerra incivil terrible entre las dos Españas de esa magnitud y tiempo. Cuarenta años de Victoria... quien no aprende de la Historia, la repite.

También hay que rechazar el axioma de Joaquín Costa de «echarle siete cerrojos al sepulcro del Cid». Era otro esforzado, cuando en su espíritu vital y compromiso con los suyos, y critico al Rey, leal a sus principios los mantuvo, a pesar de ser condenado socialmente al destierro y a la soledad que compartió con su gente, y mantuvo el rumbo y fue dueño del destino de su vida, hasta el final.

Séneca nos advierte: «Si un hombre no sabe a qué puerto navega, ningún viento le será favorable». Por ello, la determinación es esencial. El mantener la fe en el proyecto personal de cada uno, y si las circunstancias desfavorables, no se pueden alterar, tengo que cambiar mi comportamiento respecto a ellas, según nos marcó Victor Frankl. Quizás escuchar frecuentemente la canción «Resistiré», o recordar a maestros como Camilo José Cela, quien dijo que gana el que aguanta nos ayudara a sobrevivir en la Casa de la Troya (novela de Alejandro Pérez Lugín), que se ha convertido este solar hispano, de todos contra todos. Recobrar las fuerzas y actuar con determinación y limpieza moral, indistintamente de nuestro credo religioso, político y social. Determinación. Fuerza de ánimo. Compromiso con uno mismo y actuar siempre en convivencia con nuestros valores morales, y ayudarnos con la eudaimonía, principio del estoicismo que es el estar bien con tu daimo interior. Vivir en armonía con tu yo ideal. Expresar tu versión más elevada de ti mismo en cada momento (Jonas Salzgeber). Axioma tan necesario en estos tiempos de confusión. Paz y bien.

*Abogado

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