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Opinión | El ángulo

Estación término

Hay días en los que la política no produce novedades, simplemente desaparece la última excepción. Durante años, Juan Manuel Moreno Bonilla fue el dirigente que permitía al Partido Popular sostener que existía otra forma de entender la relación con Vox. La llamada vía andaluza no era solo una estrategia electoral, era un relato, a pesar de llegar a la presidencia en 2019 con sus votos, pero manteniendo un cordón institucional, solo consejeros de Ciudadanos y PP en su gobierno. Esa era la principal aportación política de Moreno a su partido y también su mejor carta para el futuro.

Pero las excepciones en algún momento dejan de existir, y con el pacto programático media hora antes de la votación se desvaneció la ficción. Debió de haber cierta incomodidad firmando un documento que contradice una campaña escrita por uno mismo. No resulta difícil imaginar el malestar de quien sabe que no solo está sellando una firma sobre un acuerdo, sino sobre una parte de su propia biografía política. Porque el pacto no configura solo una mayoría parlamentaria, modifica un personaje.

Hasta ahora, Moreno Bonilla podía decir que Andalucía era distinta. Desde esta semana ha dejado de ser la excepción para convertirse en la confirmación de la regla. Este acuerdo tiene una dimensión que trasciende lo local, Núñez Feijóo lleva tiempo defendiendo que los pactos con Vox son una consecuencia inevitable de la aritmética parlamentaria. La discusión ya no consiste en evitarlos, sino en administrarlos y normalizarlos. Andalucía era el último territorio donde todavía podía sostenerse el argumento contrario, después de Extremadura, Aragón y Castilla y León. Ya no, todos iguales, todos según las directrices nacionales. Resulta difícil no pensar que esta estación estaba escrita desde hace tiempo, porque las matemáticas en política terminan imponiéndose a las biografías. Y en esta, la contradicción de un dirigente que construyó su liderazgo en la moderación y que la ha sacrificado para seguir gobernando, es manifiesta.

Mientras tanto, María Jesús Montero observa la escena con esa media sonrisa de quien cree que el adversario acaba de aceptar un equipaje incómodo. No ha ganado nada, pero sabe que algunas contradicciones pesan más con el paso del tiempo que el mismo día en que se firman, se lo van a contar a ella.

La llamada vía andaluza nunca fue un camino distinto, sino el último lugar donde todavía podía sostenerse la posibilidad de otro camino. Cuando desaparece la última excepción, ya no cambia el gobierno de una comunidad autónoma, se asienta el relato de todo un partido que ve la coalición con Vox en la última estación.

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