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Opinión | Caligrafía

Sin cines y con normas

Hace tres años escribí una columna que se llamó «Cines de verano», intuyendo que nos íbamos a quedar sin cines de verano. Nos hemos quedado sin cines de verano. La verdad es que hay un pequeño testimonio de ellos, una veta fósil, pero no tiene nada que ver con la normalidad y exuberancia que tenían antes de morir Martín Cañuelo en 2023. Si leen sobre el problema no encontrarán un culpable, en el sentido de que todos están cumpliendo la ley. Explicaba Isabel Leña hace unos días que para el alcalde es un problema irresoluble. O sea: que si se cumple con el código civil, las ordenanzas, las normas de financiación, las decisiones de Pleno, las conclusiones de las comisiones y la Ley del Cine de Andalucía, no puede haber cines de verano. Antes había, pero ahora no. El alcalde añade que si el Ayuntamiento compra los solares el uso no será nunca para cine, sino para uso deportivo, vecinal o natural (haremos senderismo en Fuenseca, no sé). Los vecinos quieren cine, Córdoba quiere cine, pero el Ayuntamiento sabe lo mejor para nosotros y no es cine, porque no se puede -aunque antes se podía-.

Si las normas, que deberían garantizar que nos pasen cosas buenas, nos las quitan, habría que plantearse si no existe un derecho a no estar sobrerregulado, o sea, a no tener que soportar la infinita nómina de normas cursis y pésimas que desconocemos hasta que un día se revelan para limitarnos. El desarrollo jurídico del tema debería ser: ¿Qué norma debemos promulgar para tener cines de verano? Si son ustedes católicos, lo resolvió Jesús en Marcos 2:27. Si no, también, Carl Schmitt y Ortega y Gasset. No se puede tener legislación incontinente.

*Académico

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