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Opinión | Escenario

Libros y protectores solares

Los bronceadores, como tales, ya no están de moda. Al parecer, nos hemos dado cuenta por fin de los perniciosos efectos de la excesiva permanencia al sol y ahora es el turno de los protectores solares, las cremas pantalla, la hidratación, la nutrición... Con lo fácil que sería usar camisetas, camisas, pantalones y sombrereros, copiando a los campesinos andaluces, que siegan tapados hasta las cejas. O hacerlo como nuestras bisabuelas y bisabuelos (los bisabuelos iban algo más destapados con aquellos originales bañadores de pantalón largo y tirantes, tan pegaditos e insinuantes) que tan ridículos nos parecen. Lo cierto es que tanto las revistas como los periódicos y los espacios radiofónicos y televisivos, están plagados de anuncios de protectores solares.

Para empezar, hay que ponérselos por lo menos media hora antes de exponerse (qué definitorias son algunas expresiones; exponerse lo mismo sirve para indicar que se recibe la acción de un agente, el sol en este caso, que para avisar que se está en situación de recibir daño o perjuicio) y luego, mientras dure la exposición, renovar continuamente las aplicaciones, en especial después de bañarse. No tengo que explayarme -nunca mejor dicho- en esto porque todos hemos pasado por esa situación, agravada en muchísimos casos por la acción de la arena, que se pega inmisericordemente. Si, además, nos hemos llevado un libro, la lucha para protegerlo de huellas pringosas será titánica. Así no hay quien se pueda concentrar.

Precisamente, en los espacios publicitarios, directas competidoras de los protectores solares son las listas de los libros recomendados para leer en vacaciones. ¡Que vivan los buenos propósitos! No soy demasiado optimista respecto a las lecturas vacacionales, con todo lo que hay que hacer, pero puestos a aconsejar, no puedo dejar atrás mi propia recomendación: La Regenta, según muchos la mejor novela en lengua española del siglo XIX, que por su calidad va inmediatamente detrás del Quijote. Obedeciendo al realismo y al naturalismo, es fiel reflejo de la sociedad decimonónica, hipócrita y provinciana de Vetusta, trasunto de la ciudad de Oviedo. Su autor, Leopoldo Alas “Clarín”, que consideraba como sus maestros a Cervantes y Fray Luis de León, tuvo una vida algo más cómoda que la de sus maestros, aunque se ganó muchos enemigos con sus ácidas columnas periodísticas en contra de los políticos. Tenía treinta y un años cuando la publicó en dos tomos; según sus propias palabras “fue escrita en artículos sueltos que según iba escribiendo iba mandando al editor”. Si no la han leído, léanla. Y tampoco pasa nada por releerla.

*Académica

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