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Opinión | Tribuna abierta

La Córdoba del mañana se empieza a construir hoy

Las sociedades cambian a través de grandes procesos de transformación que suelen avanzar de forma silenciosa hasta que, en un momento determinado, nos obligan a mirar alrededor y comprobar que la realidad ya no es la misma. Eso precisamente puede ocurrirnos ante las proyecciones demográficas que se han conocido estos días para los próximos años.

El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha publicado un estudio sobre qué población tendremos y cómo serán nuestros hogares en 2041. Como cualquier ejercicio de previsión, debe analizarse con prudencia, porque no estamos ante una fotografía fija del futuro, sino ante un vaticinio condicionado por muchos factores económicos, sociales y políticos. Pero sí contiene señales suficientemente claras como para que en Córdoba empecemos a cavilar.

Ese informe afirma que la provincia afronta un escenario de pérdida progresiva de habitantes que no es nuevo, pero que los estudios vuelven a situar sobre la mesa. La despoblación es un reto que tiene consecuencias profundas por su impacto en la actividad económica, en los servicios, el relevo generacional en muchos sectores y en la capacidad para construir un territorio con futuro.

Sin embargo, hay otro aspecto de estas previsiones que merece una atención especial, como es el cambio en la composición de los hogares. Porque la Córdoba de dentro de 15 años será también una provincia con una estructura familiar diferente.

El número total de domicilios puede aumentar, mientras disminuye el número de personas que viven en cada uno de ellos. Es decir, tendremos más viviendas ocupadas, pero con menos convivencia en su interior. Los hogares unipersonales y los formados por dos miembros tendrán cada vez mayor peso. Y este cambio, que a veces pasa desapercibido, tendrá consecuencias en nuestra manera de organizarnos socialmente.

En el debe de las administraciones, las políticas de vivienda deberán diseñarse con otros criterios a los de ahora y la planificación de servicios públicos como la sanidad, la atención social o incluso la educación habrán de tener en cuenta las nuevas realidades familiares. Una sociedad con más personas viviendo solas requiere de respuestas distintas, desde la movilidad hasta los cuidados, pasando por la generación de espacios de convivencia.

Pero esta mutación que presagia el INE también interpela directamente al tejido económico. Las empresas han de entender que el mercado laboral y las expectativas de los trabajadores también evolucionan. Captar y retener talento será cada vez más complejo en un contexto donde las personas valoran ya no solo el salario, sino también la flexibilidad, la conciliación y la capacidad de las compañías para adaptarse a las nuevas formas de vida.

El comercio, como uno de los sectores más próximos al ciudadano, tiene ante sí un desafío especialmente interesante. Los establecimientos de cercanía siempre han sabido leer los cambios sociales porque su supervivencia depende de conocer a su clientela. La tienda de proximidad del futuro no será necesariamente la misma que conocemos hoy, pero seguirá teniendo un papel esencial si sabe evolucionar.

Un hogar formado por una persona exige demandas de consumo distintas a las de una familia más numerosa. Cambian los tamaños de los productos, la frecuencia de compra, la relación con las marcas y la forma de recibir los servicios. La experiencia del cliente, la personalización y la capacidad de generar confianza serán elementos todavía más importantes.

Pero adaptarse no significa renunciar a nuestra identidad. Al contrario, Córdoba tiene una fortaleza precisamente en aquello que no puede replicarse fácilmente, como su cercanía, sus barrios, sus comercios de referencia y una forma de relacionarse que forma parte de nuestro patrimonio social.

Por ello, el reto no debe plantearse únicamente como una amenaza demográfica. También puede convertirse en una oportunidad para reorganizarnos, para diseñar mejor nuestros pueblos y ciudades y para impulsar nuevos modelos económicos capaces de responder a la sociedad que viene. El futuro no está escrito y las predicciones sirven para advertirnos de tendencias, pero sin condenarnos a ellas. Si sabemos interpretar estos cambios, podremos tomar decisiones antes de que sean urgentes.

La Córdoba del futuro será diferente. Tendrá menos habitantes en algunos territorios, nuevos modelos familiares y otras demandas sociales. La cuestión es si llegaremos a ese momento como espectadores o como protagonistas. Desde el comercio y desde el conjunto del tejido empresarial tenemos la responsabilidad de prepararnos, innovar y acompañar a una sociedad que ya está transformándose. Anticiparse siempre es la mejor opción.

*Presidente de Comercio Córdoba y de Comercio Andalucía

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