Opinión | El cuerpo en guerra
Rituales
Los ritos son importantes, especialmente cuando hablamos de muerte y de despedidas. Y yo soy muy de llevar todo al extremo porque desde hace tiempo la muerte es demasiado cercana y desde el un año pasado, una presencia constante. De hecho, mi cuerpo es símbolo de la no-muerte no elegida y alrededor todo es pérdida.
Cuando Juanlu murió, no llegué a tiempo al tanatorio (problemas de estar aún en recuperación y la distancia) aunque lo necesitaba, así que tuve que marcarme una escenita en la iglesia para despedirme de su féretro. Después, estuve en cada paso hasta el final, hasta que tapiaron su tumba. Y me tiré al suelo y seguí llorando varias horas allí delante, entre la abuela y él, porque volvía a estar en la casilla de salida de demasiadas cosas.
Con Toffee necesitaba detenerme en cada paso, transitarlo todo extremamente, desde su eutanasia sin parar de hablarle y acariciarla, a acunarla posteriormente, traerme su cuerpo a casa para despedirme de ella en nuestro hogar, con nuestra intimidad. Necesitaba quedarme dormida con su cuerpo en brazos en el sofá aunque al día siguiente tuviera que devolverlo para proceder a la incineración. Hubo un tanatorio para mascotas, un verla por última vez como si se estuviera durmiendo una siesta profunda antes de ser eterna, una cremación, una espera de sus cenizas entre lágrimas en la que, de repente, por primera vez desde que salí del hospital el verano pasado, necesité escribir, poner por escrito todo para recordarlo siempre con todos los detalles.
Ahora yace en una urnita junto a los dedales de la abuela y el Batman de Juanlu. También se ha convertido en 3,8 kg de toffees en un gran bote, a lo Félix González-Torres, como le habría gustado a su padre, que iré repartiendo entre las personas que formaron parte de su vida, la acariciaron, la cuidaron... como conmemoración y celebración de su vida.
En la sierra norte de Madrid, desde hace tres años, varias amigas nos reunimos para celebrar San Juan y quemar todo lo malo. Allí se han abierto y saboreado los primeros toffees minutos antes de que llegaran las 0h. y tocara quemar lo malo: todo el dolor, el aislamiento, la incomprensión... Allí me he retirado también unos días para escapar del silencio de esta casa que ahora solo es una «parada en boxes» donde yacen mis pertenencias, un lugar del que entro y salgo, pero no al que vuelvo, porque era Toffee la que hacía de ella un hogar.
Ahora tengo la maleta encima del lado de la cama que yace vacío siempre preparada para moverme en los próximos días. ¿Qué hacer si no? O me voy o me devora el vacío.
*Escritora
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