Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Justicia juvenil

Niños malos

El pasado mayo, el gobierno sueco aprobó el encarcelamiento de jóvenes de 15 a 17 años. Tras fracasar el intento de bajar la responsabilidad penal a los 13 años por falta de apoyo parlamentario, ahora pretende reducirla a los 14. Mientras, un total de ocho prisiones se preparan para acoger a los menores. Expertos de diferentes disciplinas, abogados, Unicef, Save the Children y el propio servicio penitenciario se oponen enérgicamente a la medida. La ciencia es contundente: el ingreso en prisión de menores de edad produce daños severos en su desarrollo y es totalmente ineficaz para reducir la delincuencia. Por no hablar de la evidencia de que esos niños son tan culpables como víctimas de abusos y amenazas de pandillas y mafias. El encarcelamiento de menores no solo genera una unánime oposición científica y asistencial, también rompe con la tradición de una sociedad que, durante décadas, se había orgullecido de su defensa de los derechos de la infancia y de su enfoque humanitario de la justicia penal. De cerrar prisiones a abarrotarlas. ¿Qué ha cambiado?

Por un lado, las pandillas están captando a niños cada vez más jóvenes y vulnerables para que cometan delitos a cambio de dinero. Por otro, el discurso criminalizador de la ultraderecha está calando en la sociedad y presiona al gobierno para ahondar en la justicia punitiva. Además, Suecia es el país nórdico en el que más está aumentando la desigualdad. El narcotráfico y el crimen organizado se extienden por todo el país, pero es en los barrios periféricos con mayor población migrante e índices elevados de desempleo, pobreza y falta de expectativas, donde más niños y adolescentes se están uniendo a las pandillas.

«Superdepredadores» es el término despectivo que se acuñó en los años 90 en EEUU. Se reservaba a jóvenes pandilleros negros y los señalaba como criaturas faltas de toda empatía y moral. En un clima de temor y rechazo, se elevaron las condenas a menores hasta llegar a la cadena perpetua. A partir de los años 2000, las investigaciones demostraron que el cerebro humano no se desarrolla plenamente hasta los 25 años y que las conductas delictivas podían superarse. California quiso cambiar la estrategia y logró debilitar el racismo político apelando a argumentos económicos: rehabilitar sería más barato que castigar. Entre 2000 y 2020, el número de jóvenes en prisiones se redujo un 77%. En 2023, cerró el último centro de detención juvenil del Estado. Por el camino, una generación de jóvenes negros fue demonizada y tratada como animales.

¿Cómo puede ser que ahora estemos en las mismas? ¿Qué tipo de justicia encarcela a niños cuando ya es un hecho probado el error individual y social de la medida? ¿A qué edad un niño deja de ser un niño para quiénes quieren convertirlo en una criatura irrecuperable del mal? Detrás de la criminalización definitiva de menores siempre está el señalamiento de todo un colectivo. Si a los niños negros o palestinos o migrantes se les considera ‘no-niños’, sus padres son ‘no-personas’. Al fin, material desechable.

Tracking Pixel Contents