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Opinión

Ábalos fue el padrino de Pedro Sánchez

Pedro Sánchez y José Luis Ábalos, en una imagen de archivo.

Pedro Sánchez y José Luis Ábalos, en una imagen de archivo. / Chema Moya / EFE

La sentencia por unanimidad del Tribunal Supremo que condena a Ábalos (24), Koldo (19) y Aldama (4,5) no contiene ni una sola sorpresa en sus líneas maestras. En la cita textual tal vez más apropiada, los integrantes de esta organización criminal "crearon con su particular uso del poder un verdadero círculo perfecto de corrupción, con tretas y artimañas". Salvo que este fragmento no ha sido vertido en el Supremo por escrito, sino oralmente por el ministro y secretario de organización del PSOE, cuando ejerció de padrino de Pedro Sánchez en la exitosa moción de censura de 2018. Si entonces se reprochaba a Rajoy que "no ha tenido ni la decencia política de por lo menos dimitir", hasta la fiscalista Ayuso suena hoy moderada en su interrogante, "¿no es suficiente para que convoques elecciones?". Desligar al PSOE de los delincuentes citados es misión imposible.

Camparon a sus anchas en el seno del partido, la muy dilatada expulsión no compensa una condena total de medio siglo de cárcel. Sánchez procedió a una destitución camuflada en julio de 2021, pero la corrigió mediante la rehabilitación con honores de Ábalos en 2023, para otorgarle la presidencia de la comisión de Interior del Congreso. Y ahí seguiría, de no mediar la intervención de la Audiencia Nacional.

Despistar con la exención del cumplimiento de pena a Aldama equivale a conceder al conseguidor la categoría sobrehumana de haber corrompido a un partido centenario, cuando solo se anticipó a otros parásitos acogidos por el PSOE con los brazos abiertos. El empresario delincuente le ha señalado el camino a Julito Martínez, salvo que se le adelante el propio Zapatero para descargar culpas y garantizarse una sentencia suspendida. Si el expresidente del Gobierno clausuró la legislatura con su imputación, el exministro la ha enterrado con una condena que "ha desatado una inmensa indignación entre los españoles", de nuevo Ábalos dixit. A diferencia de los laboristas británicos, los socialistas españoles se dirigen juntos al precipicio en compañía de su flautista de Hamelín.

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