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Opinión | Tribuna abierta

¿Distancia ‘in crescendo’ entre los jóvenes y la política institucional?

No cabe duda de que en los últimos años se ha observado una preocupante tendencia entre la juventud española: una creciente desconfianza hacia la democracia como sistema político. Diversos estudios, entre los que podemos destacar el que recientemente ha realizado la Fundación SM, concluyó que el 68% de jóvenes entre 15 y 29 años entrevistados está insatisfecho con el funcionamiento de la democracia, y la mitad considera que en ocasiones se necesita «más mano dura», abogando por un régimen autoritario para mantener mejor la paz social. Existen causas muy concretas que han ido fomentando el notable descontento, y, por ende, la distancia entre la Generación Alpha y la política institucional, que tienen como principal caldo de cultivo la forma en que se hace política, y por supuesto, de transmitirla: muchos portavoces políticos hablan raro, de cosas que en la mayoría de ocasiones no interesan a los jóvenes, y en lugares donde existe gran ausencia de éstos. A estas causas se suma un factor decisivo en el momento actual: la corrupción. Ese elemento desincentivador de la participación política por parte de nuestros jóvenes y que, en este colectivo en particular, el impacto es especialmente grave. Pero, ¿el verdadero problema de calado está en el lenguaje?, ¿de qué habla la política? En la gran mayoría de ocasiones, los políticos que aparecen en medios de comunicación y redes sociales, no abordan los verdaderos problemas y retos que tienen los jóvenes hoy en día: vivienda, formación, empleo, igualdad, sino que aparecen discursos plagados de alusiones al CGPJ, el TC, el FMI, la OTAN, ataques personales a rivales políticos…, fomentando la percepción de que ningún partido trata de solventar sus inquietudes. Y es que la verborrea puede ser envolvente, claro, pero cuando la entiendes. Cuando sabes a lo que el político se está refiriendo en sus mítines y ha conseguido que te identifiques con él. Y ahí está la clave con el colectivo juvenil. Gran parte de la pérdida de confianza y cercanía con la política de partido e institucional se encuentra en esa falta de neutralidad en el lenguaje, las formas y el espacio. Sí, el espacio. Hoy en día, cada vez menos jóvenes ven telediarios, magacines matinales o vespertinos, optando por las redes sociales como medio para mantenerse actualizados, y ahí es donde el político debería tener una mayor presencia comunicativa. Entonces, con este batiburrillo de tips, ¿podría revertirse la desconfianza promovida, el factor estrella de la corrupción? No podemos olvidar que el votante, joven o adulto, que detecte la mentira o la exageración por parte del político que creyó su referente, quitará radicalmente la confianza que en él un malogrado día depositó, y así se ha visto en los escenarios posteriores a la celebración de comicios, tanto nacionales como autonómicos y municipales.

Es así, que lejos de quitar esa mancha de lejía de tu prenda favorita, un poco de honestidad desde un primer momento no vendría mal para lograr una mayor confianza de la juventud, trabajando la cultura mediática a la vez que se muestra interés en solventar verdaderamente sus hitos y preocupaciones, dejando al margen la incoherencia, la frustración de expectativas generadas y el miedo al fracaso de la institución política. Modo en que, al menos, no será tan cruel la condena social a la que se someta a los partidos por culpa de las tramas delincuenciales de unos cuantos maleantes.

*Abogada

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