Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Zapatero

No era ceja, era jeta

Hay que poner freno a tanta versión contradictoria antes de que alguien jure que Zapatero le guardaba las joyas a Pedro Sánchez

Antes de inventar pretextos hay que coordinarse, parece mentira que sean políticos, con lo acostumbrados que deberían estar a mentir. No puede ser que Sonsoles asegure que las joyas valoradas en 1,3 millones -tirando bajo, que podría ser el doble- son una herencia, y que salga después el exministro Miguel Sebastián contando que regalos de esos son habituales en los viajes de Estado -sobre todo a los países árabes- y que deben de ser el obsequio de algún jeque, los jeques son así, no te das cuenta y al despedirse te han metido en el bolsillo un collar de zafiros y diamantes, más de un ministro habrá tenido problemas cuando su señora le ha revisado los bolsillos al llegar a casa. Es natural, los ministros españoles están tan acostumbrados a vaciar bolsillos ajenos que no esperan que alguien les llene los suyos al primer despiste. Basta de discordancia. Hay que poner freno a tanta versión contradictoria antes de que alguien jure que Zapatero le guardaba las joyas a Pedro Sánchez.

Pocas soluciones se avistan. Se me ocurre que Zapatero podría contarnos que el abuelo de su señora era un príncipe saudí, juntando así las dos versiones y si cuela, cuela. Los feligreses socialistas se parecen a los lacistas en una credulidad más propia de las sectas que de la política, así que, por probar, nada se pierde. Además, podría contarlo haciendo con el dedo el gesto de la ceja, que eso queda bien. Aun así, está la cosa difícil, se veía venir que con este apellido, el prestigio del tótem socialista acabaría a la altura del betún.

Para ayudar, estaría bien que Pedro Sánchez difundiera una carta a la ciudadanía en la cual, además de declararse muy enamorado de su señora -eso no puede faltar en ningún escrito emitido por el presidente- asegura confiar ciegamente en Zapatero, igual que antes confió en su hermano, en Koldo, en Ábalos, en el fiscal general, en Cerdán, en Leire Díez, en un señor con acento sudamericano que le llamó por teléfono desde Ávila ofreciéndole una nueva tarifa eléctrica y hasta en sí mismo. Con eso ya no habrá quien dude de la honradez zapateril. Hasta entonces hemos de creer que no era ceja, era jeta.

Tracking Pixel Contents