Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Tribuna libre

El uso del antiguo convento de Santa Clara

El antiguo convento de Santa Clara…¿y por qué no un centro de interpretación urbana?

Los centros de interpretación nacieron como concepto en el mundo anglosajón a finales del siglo XIX, consolidándose a mediados de la centuria siguiente en Estados Unidos y Canadá, vinculados a los parques naturales. Su expansión por el norte de Europa y Gran Bretaña tuvo lugar en las décadas de los sesenta y setenta, llegando al resto de nuestro continente, incluida España en los años ochenta y noventa. Su objetivo era claramente pedagógico: divulgar el patrimonio natural (in situ) de una manera comprensible y participativa para el público en general.

Esta misma idea se adaptará a las ciudades como interpretación del urbanismo y patrimonio de las mismas a lo largo de los años setenta y ochenta del pasado siglo, surgiendo masivamente en Europa, especialmente en España y otros países, a finales de la década de los noventa y primero años de nuestra centuria después. De esta forma se convirtieron en mecanismos promovidos por los ayuntamientos para revitalizar zonas históricas degradadas, fomentar el turismo y ofrecer al público nuevos espacios donde las exposiciones fuesen más lúdicas y accesibles que los museos tradicionales.

En este aspecto la ciudad de Córdoba, cuyo valor patrimonial (urbanístico, histórico, artístico, etc.) está fuera de toda duda, no en vano puede presumir de ser la única ciudad con cuatro patrimonio de la Humanidad, debería ser la ciudad que contase no solo con centros de interpretación de edificios monumentales, sino con centros de interpretación de distintos sectores urbanos. Sirva de apoyo para ello indicar que forma parte del «top cinco» de ciudades españolas en cuanto a superficie de su casco histórico, pero la primera en ostentar el mayor título de zona como Patrimonio Mundial de la Humanidad.

Y eso es así porque en los más de dos mil años de vida de la ciudad distintos grupos humanos han ido dejando su huella, al superponerse unas culturas a otras en un mismo ámbito urbano. Romanos, visigodos, musulmanes, cristianos, etc. han dejado su impronta en la ciudad. Unos, los más cercanos a nosotros, a simple vista; otros, a medida que nos alejamos del momento presente, en la profundidad del subsuelo. Pero todos han contribuido –con sus distintas formas de pensar- a que la ciudad evolucione y actualmente podamos disfrutar de ella.

La ciudad de Córdoba no se puede reducir simplemente a una unidad urbanística. Cada zona ha crecido y ha evolucionado de distinta forma. Cada grupo humano se ha adaptado a lo que ha recibido y lo ha modificado en función de sus intereses. Y en esa resiliencia está precisamente nuestro potencial como ciudadanos, al saber adaptarse, recuperarse y salir fortalecido ante las diversas situaciones adversas por las que ha atravesado nuestra ciudad.

Estamos en el momento clave para utilizar esas herramientas que nos puede ofrecer nuestra ciudad para que demos a conocer a nuestros hijos y nietos, así como a todo los que nos visitan atraídos por nuestro rico patrimonio cultural y artístico, las claves de nuestra historia barrio por barrio, collación por collación. Porque en cada una de ellas se ha escrito una misma historia general, pero una distinta historia particular. Y somos deudores de no aproximar esa historia a aquellos que no la conocen en su propio entorno donde viven.

Ese objetivo se consigue con la creación a lo largo y ancho de nuestra ciudad de varios centros de interpretación que ayuden a los ciudadanos de Córdoba y a nuestro visitantes a conocer el día a día de nuestros antepasados, con lo cual –sin apartarnos de nuestros grandes monumentos- tendremos otros alicientes para visitar nuestra ciudad.

Y es ahí, precisamente, donde juega un papel importantísimo el edificio del primitivo convento de Santa Clara, antigua mezquita. Edificio polémico en su día y que ha sido considerado como un palimpsesto de la historia de Córdoba. Los que conocemos algo de la historia de ese solar y esa manzana urbana sabemos que sería ideal ubicar allí un centro interpretativo de un sector urbano de Córdoba, que abarcaba desde la fachada oriental de la antigua Mezquita Aljama musulmana (actual catedral de Córdoba) hasta el tramo de muralla comprendido entre el portillo de San Francisco, la puerta de la Pescadería y la antigua puerta del Sol. Sector integrado en la antigua collación de Santa María, no La Judería, como se oye señalar a muchos guías turísticos en sus indicaciones a los turistas.

Quien tiene la última palabra como siempre son las autoridades locales, cuyo objetivo por lo que leo en prensa está centrado en darle otra finalidad a este solar. En mi modesta opinión, hay otros lugares que pueden ser dedicados a esa función, pero ninguno como este para que sea dedicado a centro de interpretación de un sector de la ciudad tan importante en el devenir urbano de Córdoba.

*Académico

Tracking Pixel Contents