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Opinión | Punto y coma

Graduaciones

En pocos días se cerrará un curso escolar más y muchos alumnos de España, sus profesores y progenitores apuran los últimos detalles de la que será, en el imaginario de cada uno de ellos, la graduación del siglo. Hace poco fue el turno de quienes se han coronado como bachilleres y ahora corresponde lo propio a los que, no habiendo llegado tan lejos todavía por una mera cuestión cronológica, no están dispuestos a renunciar a la gloria.

Quienes terminamos la Educación General Básica en los años 90 conocíamos el formato americano de estas fiestas para egresados gracias a series protagonizadas por personajes que residían en prestigiosos barrios como Beberly Hills. Sin embargo, quizás éramos un poco más conscientes de que las vidas de aquellos jóvenes eran irreales. Actualmente, no solo el derroche de dinero, sino también la necesidad de sentirse victorioso en algo desde edad temprana, se han tornado imprescindibles. El dinero despilfarrado en desproporcionados actos deja claro que ese ámbito de los ‘estudios’ también pugna por ser el mejor negocio; por otra parte, sentir que se toca el cielo con las manos debería ser el premio a un esfuerzo de tiempo prolongado, algo que difícilmente puede ser identificado por quien casi podría contar sus años con los dedos de una mano.

En este sentido, consideramos que, si transmitimos a nuestros pequeños el mensaje de que ya han triunfado, dejarán de conocer el significado del trabajo verdadero. Si, con tan poco, se gradúan a lo grande en Educación Infantil, ¡cuánto más en Educación Primaria, y, por supuesto, en Educación Secundaria! Y, desde ahí, será fácil usurpar, incluso, una cátedra. Es ridículo, pero es lo que ocurre cuando se creen, desde bien pequeños, los dueños de Beverly Hills.

*Lingüista

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