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Opinión | No ni na

Rafael Ruiz

Rafael Ruiz

Periodista

El trastero del Papa

Uno, que solo reconoce a Jude Law (o Pío XIII) como santo padre legítimo, tiene el malsano interés de visitar algún día el trastero del Vaticano. Se imaginarán que todo ese caudal de regalos que recibe Su Santidad tendrá que acabar en algún sitio. Una nave industrial, un almacén en el Trastévere, lo que buenamente se pueda bajo la atenta mirada de una monja organizada y del guardia suizo que toque. En este viaje de Prevost a España, el Gobierno le ha mandado un bonsái de olivo al obispo de Roma, sucesor de San Pedro, etcétera. Y se imagina uno que ese hijo dilecto de Agustín de Hipona, que fue un santo que salía mucho por las noches (lean las Confesiones en su integridad textual, por favor), algo hará con el olivo, con la cerámica de Castuera, con el ejemplar de la hoja bautismal de su tatarabuelo asturiano.

Hay en el Papado un punto de humanidad cuando le regalan cosas. Infalibles y todo, los titulares de la tiara ponen siempre cara de «y ahora qué puñetas hago yo con esto» ante los objetos depositados, algunos de ellos verdaderamente peculiares. Le llevan el cuadro, el botijo, la cenefa pintada, la escultura y se imagina uno que eso debe acabar como el MEAM (¿a quién se le ocurre llamarle MEAM a un museo, por dios bendito?) ese que quieren poner en Caballerizas. Aquello debe de ser como el chino (perdón, bazar de la ciudadanía asiática) de mi barrio, una cosa así como diversa.

Ser Papa tiene que ser una complicación tremenda, que no me extraña que se lamenten hasta las lágrimas cuando les cae la marrona en la Capilla Sixtina. Te llega una señora con pinta de colgada y te dice que hables en catalán, y tú ahí en plan Papa: todo serio y piadoso. Sí, claro, bienaventurados los pirados, que ellos serán los primeros y tal. O el que te dice lo bonita que es la Sagrada Familia. ¿Bonita? Usted se fuma lo mismo que Gaudí, amiguete. Vaya con Dios, amén. Ego te absolvo a peccatis tuis in nomine Patris. Y todo el mundo anunciando que el Papa ha declarado una cosa verídica, buenísima. Aunque haya dicho que sois todos una mancha de impresentables.

El alcalde Bellido, ahora que cuentan que anda en manos de la ventura, debería de mandarle un detallico al Vaticano por la mención del Papa a Averroes, Maimónides y Córdoba como ciudad de irradiación cultural, de mediación entre religiones dispuestas a hacerse la puñeta. Aunque sea solo por la verdad fáctica, Averroes y Maimónides tienen en común algo, además de su estricta obediencia aristotélica, incompatible con las nuevas masculinidades. Ambos tuvieron que salir por patas, a todo correr, antes de que los corrieran a gorrazos y les pusieran los testículos de adorno en el turbante. Dicen que alguien escribió en la tumba de Maimónides, allá en Tiberiades: «Aquí yaces Moisés Maimuni, el hereje desterrado».

*Periodista

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