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Opinión | Punto y coma

Nubarrones a lo lejos

Nunca llueve a gusto de todos. Ayer muchos flamantes bachilleres conocieron las calificaciones obtenidas en las pruebas de acceso a la Universidad y hay pocas ocasiones mejores que esta para despotricar sobre los chuzos de punta para los que algunos no se prepararon. Y es que, lamentablemente, algunos jóvenes estudiantes no se protegen hasta que se ven con el agua al cuello.

Durante varias décadas, los exámenes cuya superación era necesaria para acceder a estudios universitarios constituían una serie de pruebas de relativa dureza. Al menos, era necesario trabajar con ahínco durante varios años y, especialmente, en los meses previos a la entonces temida prueba. Posteriormente, llegó una compleja reforma educativa y la Selectividad desperdigó sus caminos por las distintas Comunidades Autónomas. Con esa dispersión, una paulatina bajada de nivel culminó en el examen conocido popularmente, al menos en Andalucía, como «modelo COVID». A este, en algunas materias, le faltó poco para contener un único enunciado que rezase «escriba usted lo que crea conveniente sobre un tema que no le desagrade, si le parece bien». Así, llegó la inflación en las notas y los dieces dejaron de tener el significado que tenían, pues, si casi todos podían conseguirlos, carecían de valor.

A partir del curso pasado, alguien decidió terminar con el cachondeo en el que la situación había derivado. Se dio un cambio de marcha que fue percibido entre los alumnos como un claro aumento de la exigencia, y, según cuentan, el viraje ha sido todavía más brusco en la reciente convocatoria. El caso es que ha caído un chaparrón y la culpa de los estragos la tienen todos menos quienes hicieron caso omiso de los nubarrones que, ya hace tiempo, asomaban a lo lejos.

*Lingüista

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