Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Tormenta de verano

Cultura del encuentro

La visita de León XIV, seguida por millones de personas, ha centrado la actualidad más allá de un acontecimiento estrictamente eclesial, convirtiéndose en una profunda interpelación política y ética que tanto necesitamos. A través de una agenda que ha conectado las altas instituciones del Estado con los colectivos situados en los márgenes de la sociedad, el Papa ha trazado las líneas de la «cultura del encuentro», un modelo civilizatorio opuesto a la confrontación ideológica y a la «cultura del descarte». Exigiendo revisar el lenguaje frentista y huir de los populismos que dividen a las naciones. En el Palacio Real, abogó expresamente por esa cultura del encuentro como generadora de estabilidad y prosperidad.

En el Congreso de los Diputados pidió leyes al servicio de la persona, con un discurso de hondo calado humanista en el que recordó que una sociedad verdaderamente justa se define por el reconocimiento explícito de la dignidad intrínseca de cada individuo: «La dignidad humana no puede estar subordinada a consensos volubles ni a los vaivenes de las mayorías momentáneas». Las leyes deben someterse a la prueba de la dignidad y proteger la fragilidad humana.

Además de pedir a los jóvenes huir de la indiferencia y ser profundamente humanos, la visita del sucesor de Pedro ha dejado numerosos destellos que alumbran sendas por las que caminar, desglosando tres ejes fundamentales como pilares para la convivencia. El primero sería «desarmar» el lenguaje, advirtiendo del severo peligro que la desconfianza mutua y la polarización extrema suponen para las democracias modernas. Exigió responsabilidad ética a los líderes públicos, recordando que la firmeza de las convicciones jamás debe confundirse con el desprecio al oponente. El segundo es la primacía de la realidad sobre la ideología, denunciando el encierro en narrativas preconcebidas que distorsionan el diálogo social. Las ideologías pasan, pero la Verdad permanece. Apuntó que las divisiones partidistas ceden únicamente cuando el horizonte compartido es el bienestar del ser humano. Y finalmente destacó la importancia de la ética en el desarrollo tecnológico, en plena ebullición de la Inteligencia Artificial y la automatización, con el peligro que los sistemas algorítmicos arrebaten y suplan la responsabilidad humana. Todo ello sin olvidar el fenómeno migratorio, que exige una respuesta coordinada y multilateral que vaya «más allá de la mera gestión de los flujos» y ponga el foco en las personas y en las causas originarias que obligan a miles de seres humanos a abandonar sus hogares.

Seguida con gran expectación, queda comprobar nuestra capacidad de escucha y medir el impacto de este viaje. Aunque para millones de personas, los mensajes y testimonios de estos días ya han sido un tsunami de esperanza en un páramo inhóspito.

*Mediador y abogado

Tracking Pixel Contents