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Opinión | Firma invitada

A don Juan Moreno Gutiérrez

Querido cura: Trassierra , Santa María de Trassierra, se ha quedado sola sin ti. La has cambiado por el cielo y nos has dejado solos. Como niños mayores ya os podéis averiguar, nos dices, que ya os orienté y compartiré con vosotros una gran parte de mi vida. Es verdad, don Juan, cuántos momentos hemos compartido. Mi memoria se traslada a la Trassierra de hace cincuenta o sesenta años, cuando la iglesia se estaba remodelando por ti, el techado nuevo, el interior lo mismo, pero cuidando de ese monumento tan especial del siglo XII, que ya conociese Góngora, y que tiene su imagen que es la copia de la iglesia de Santiago de Lucena.

Entonces las misas las dabas en el convento de monjas que había enfrente, en la carretera, bajo una parra. Nos dejaste durante el verano en la iglesia proyectar películas de entonces: ‘Hatari’, ‘Un muerto recalcitrante’… etc. -mientras veíamos las estrellas fugaces de agosto-. El proyector estaba en el campanario y Paco Gutiérrez a su mando. La fiesta de la Avellana era en el rellano de la iglesia, que tenía un gran eucalipto centenario, que a su vejez, además, sus ramas servían para sujetar los cables de la luz y que al final se perdió, aún lo recuerdo. Tú ocupaste la canonjía de mi tío abuelo, don Fernando Poveda, cuando él falleció. Lo dijiste en mi boda, cuando quedé unido a mi querida esposa Milagrosa porque eso es lo que decías: "¡Os dejo casados y bien casados!". Después bautizaste a mis hijos, que también los casaste, y bautizaste a mis nietos, que ya no podrás casar. Y tantas cosas después vividas: la fuente del Elefante, la elegancia para dignificar, aún más, al Santo Entierro de la iglesia de la Compañía, y tantas otras cosas. Don Juan, esto es, como tu decías en el entierro de Santi Pérez, hace tantos años, como pasar una carretera con niebla que cuando se va la nube estás en la vida eterna.

Gracias don Juan. Allánanos el camino.

*Académico

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