Opinión | Cielo abierto
El balbuceo
Nadie duda que siempre se ha mentido, porque la distancia entre lo anunciado y lo real nunca ha sido una avenida iluminada. Se votan las promesas que nos gustan, que van delineando nuestra propia idea de convivencia. El pacto tácito es: ya sabemos que no vais a cumplir con el programa electoral, porque después entran muchos elementos en la combinatoria, pero aceptamos que os acerquéis a esas expectativas, que habéis fundado vosotros con vuestras manifestaciones, vuestro discurso y también el retrato del país que aspiráis a liderar y gestionar. Así nos hemos movido en estos últimos casi cincuenta años de democracia no perfecta, pero habitable, lo que ya de por sí supone un valor alto. Quizá se ha mentido siempre, insisto. Pero había un margen más o menos variable, una parábola, y no una línea recta, entre lo que se afirmaba y lo que después se intentaba hacer. Es más: había una línea, esta sí muy recta, entre lo que se había afirmado antes y lo que después se mantenía, como promesa al menos. Es decir: hemos aceptado que tú puedes prometer o afirmar algo y luego no cumplirlo. Por la coyuntura internacional, por imprevistos, por tu propia incapacidad o porque ahora no te da la gana de hacerlo. Pero nadie decía que había prometido algo contrario a lo que había dicho, y eso es lo que ha cambiado: que ahora, además de no cumplir con lo pactado, se dice que no se ha dicho lo que sí se dijo.
Lo curioso es que ahora también tenemos, a un golpe de clic en el teléfono móvil, el acceso a los vídeos en que los personajes aseguran lo contrario a lo que dicen hoy. Hoy he visto a Marlaska, el ministro del Interior que no prefiere no acudir a los funerales de los guardias civiles, balbucear ante las cámaras, tratando de corregir sus otras versiones sobre los encuentros de la fontanera del PSOE, Leire Díez, con la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González. «La directora de la Guardia Civil no ha tenido ninguna reunión con Leire en términos de ningún tipo». Eso ha dicho hasta hoy, pero hoy la cosa cambia. Él sabe que podemos entrar en el buscador para saber cuántas veces ha asegurado lo contrario, antes de verse forzado a corregirse, tras desvelarse que el sumario del caso recoge tres encuentros. Lo sabe, pero le da igual. El problema es que la gente ya está acostumbrada y hecha a esta falsedad probada y continua. Y si es de los suyos, la aceptan y la abrazan. Decía Pablo Iglesias que había que naturalizar el insulto, hasta que empezaron a insultarlos a su esposa y a él. Pero lo que se ha naturalizado es la mentira desvergonzada como norma de convivencia, lo que desintegra el pacto social y nos convierte en un país desesperanzado que ya no confía en nadie.
Suscríbete para seguir leyendo
- Irene Pozo, mejor nota PAU con un 13,975: 'Me gustaban las Matemáticas y la Física y me costó elegir Humanidades
- Paula de Prado (34 años), agricultora en Baena: 'Dejé la hostelería en Madrid para gestionar yo sola una finca de olivos en Córdoba
- Las mujeres acaparan los Premios Extraordinarios de Bachillerato en Córdoba, repartidos entre centros públicos y concertados
- La tensión estalla en el 40 cumpleaños de Anabel Pantoja: su pareja se marcha a Córdoba con su hija Alma
- Siete heridos en un choque entre un turismo y una furgoneta en la avenida Carlos III del municipio cordobés de La Carlota
- La histórica victoria ante Francia: Córdoba celebra con pasión el pase de España a la gran final
- El plan del Córdoba CF en lo que resta de verano: un atacante y buscar ocasiones de mercado
- Así es el resort de Andalucía con parque acuático propio (y pulserita) que conquista a las familias este verano
