Opinión | Miel, Limón & Vinagre
Marcos Llorente sostiene que el balón es plano

Marcos Llorente.
Dicen los entendidos que Marcos Llorente (Madrid, 1995) es un jugador polivalente que lo mismo funciona como lateral derecho que como centrocampista o extremo. La peor versión de esa vena polifacética le ha convertido en un personaje al alza, más allá de su convocatoria para el próximo Mundial de Norteamérica o la renovación de su contrato con el Atlético de Madrid, equipo con el que acaba de jugar el partido número 300.
Si ahora se mienta su nombre lo de menos son las hazañas deportivas que atesora, propias de una estirpe de futbolistas (padre Paco Llorente, abuelo Ramón Grosso) y baloncestistas (madre Gelu Moreno). Lo de más se refiere a su peculiar estilo de vida y los delirantes consejos sobre salud que ofrece, que ha reunido en un libro llamado Free Human. Los desgranó hace unas semanas en El Hormiguero ante un atónito Pablo Motos que todavía está disculpándose con las sociedades médicas escandalizadas por la osada irresponsabilidad que mostró el invitado al defender que se tome el sol sin protección y cuestionar la relación directa entre el bronceado y la aparición de algunos tipos de cáncer. Lo mismo Donald Trump, que recomendó lejía contra la covid y vincula la ingesta de paracetamol en el embarazo con el autismo, le invita a cenar en la Casa Blanca aprovechando el campeonato para un intercambio de teorías chiripitifláuticas.
Tendrá que ser comida paleo, que es la que recomienda Marcos Llorente en sus redes sociales con dos millones y medio de seguidores mientras sujeta una bandeja con un chuletón gigante y su guarnición de patatas. Su devoción por la alimentación cavernícola no obsta que haya invertido parte de sus ganancias en restaurantes, uno de ellos el famoso Rhudo de Paco Roncero, ya cerrado con pérdidas millonarias.
También presume de su impresionante bodega en la casa que comparte con la diseñadora, escritora, influencer y coach Patricia Noarbe, con quien se casó en Mallorca, y la hija de ambos. El futbolista se manifiesta enemigo de vigilar lo que se consume, «la caloría es una cárcel mental», porque «el cuerpo no funciona como una hoja de Excel». Sin embargo, no solo hay que comer sano: «Comer un mango por la mañana al sol no genera la misma respuesta que comerlo a media noche viendo Netflix». Entre sus rutinas de biohacking (palabro que define el empeño por hackear el organismo para que rinda al máximo) destacan tomar por la mañana café con mantequilla, pasear sin camiseta en invierno y en verano, caminar descalzo por el jardín, usar gafas de cristales amarillos de día para contrarrestar la luz azul y rojas de noche para no alterar la producción de melatonina y poner lámparas rojas. Por último, aconseja exponerse a los rayos solares sin protección porque «el sol lleva aquí millones de años. Tú llevas aquí… ¿cuánto? Y resulta que ahora el problema es el sol». Disfrazado de bote de crema factor 650, «protección solar contra tu biología», Llorente muestra sin embargo la humildad de reconocer que «estoy en continuo aprendizaje y siempre dejo una puerta abierta a decir: ‘sí, me he equivocado’. Si encuentras evidencia real, soy todo oídos».
Pues le deben zumbar estos días, tras su noche con Motos y el desvarío de que «el sol entrena la piel como el ejercicio entrena el músculo, el cuerpo se adapta y se hace más fuerte». Le contestó el inmunólogo Alfredo Corell recordándole que el sol daña el ADN de las células de la piel, y causa lesiones que a veces no se reparan, pues el músculo presenta memoria adaptativa, y el ADN memoria mutacional. También la Asociación Española de Comunicación Científica envió una carta a Atresmedia para recordar que grandes audiencias exigen un mayor cuidado al tratar asuntos de los que depende la salud pública. Décadas de mensajes médicos de alerta sobre los riesgos de la exposición solar, que pueden revelarse años después de producirse, contrarrestados por un señor sin formación médica de ningún tipo que luce encantado en su atlética anatomía el moreno siglo XX de Marujita Díaz y Julio Iglesias.
Suerte que no le dio por desenterrar los consejos del infausto doctor Rosado, que recomendaba tomar benzodiacepinas para estimular el bronceado (y también apagar cigarrillos en el cuero cabelludo a los ahogados para reanimarlos). ¿Melanoma? «Yo no estoy de acuerdo». ¿No es peligroso alejarse de lo que dicta la ciencia? «Yo es lo que siento». Cosas que aprendes al hacer preguntas improcedentes a Llorente, profano de cualquier saber: la tierra es plana y el balón también.
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