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Opinión | El alegato

Ni Noche del pescaíto, ni lunes de resaca

Dicen que soltar lastre o vaciar el saco es bastante recomendable para mantener la salud física y mental. Yo opino que no hay ejercicio de «sanación personal» más eficiente que, sin perder nunca el respeto y la compostura, decir lo que se piensa, si ese pensamiento nos daña, o abandonar una tarea comenzada, si la misma no nos es satisfactoria.

Esta introducción, sin que suene a justificación, viene al caso, de lo que seguidamente voy a decir:

No me gusta una feria de Córdoba «sevillanizada». Mis recuerdos de nuestra feria, mientras estuvo ubicada en el Paseo de la Victoria, son de un recinto ferial en el que, como la canción de Serrat de la Noche de San Juan, compartían su pan gentes de cien mil raleas. Ahora compruebo que la feria del Arenal está mudando a polarizada y selectiva. Solo por el atuendo puedes adivinar el color político del visitante y eso, en un evento que es para disfrute de todos los cordobeses no es deseable. Mucho me temo que las casetas terminen siendo privadas en su totalidad y que más que una feria tengamos un gueto con derecho reservado de admisión.

No me gusta tampoco que por nuestro Consistorio no se haya pensado en la integración ferial de las personas con diversidad funcional. Hay muchos cordobeses, que precisamente por vivir más cerca del recinto ferial del Arenal, se ven castigados a no poder hacer uso del servicio público de transporte para ir a la feria porque cuando llega a donde ellos viven esos vehículos van ya llenos. Me permito aconsejar que en años venideros se reserve algún transporte público solo para personas mayores de 65 años y con problemas de movilidad funcional. Eso acercaría la feria más a todos los cordobeses y la haría más humana.

No me resulta de buen gusto que las casetas del recinto ferial, salvo excepciones honrosas, sean un escaparate político hasta por la música que en ellas se «pincha». Bien está que lo sean las casetas de las correspondientes formaciones políticas, que lucen sus siglas a la entrada y que no engañan a nadie cuando decides visitarlas. Hablo de otras muchas, que bajo nombres que no permiten anticipar lo que podemos encontrar, cuando entramos a tomar algo, te sirven una Gertru, bebida acorde a la escasa sofisticación «del pana», o un Ron dictador, del que omito más aclaraciones por ser innecesarias.

No me gusta tener que sacar los defectos de la feria de mi ciudad porque precisamente si en algo estoy de acuerdo con la «sevillanía» que antes he mencionado es la defensa de lo suyo como si de la Andreíta de la Esteban se tratase, pero espero que, en próximos años, la feria de Córdoba sea más nuestra y menos de los Remedios.

*Abogada experta en Derecho del Trabajo y Seguridad Social

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