Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Tribuna abierta

Gótico florido

Con la Feria culminando las celebraciones del Mayo cordobés todavía nos queda en muchos rincones de la ciudad el aroma y el color de patios y balcones fuera ya de sus semanas de apertura reglada a los visitantes. Ninguno de éstos habrá dejado de confiar a la cámara de su móvil muchas de las imágenes que, con el transcurrir de los años, guardarán un trozo de la historia del certamen, porque los patios son entes vivos que van cambiando y evolucionando, junto a los seres humanos que los visitan, los cuidan y propician su fiesta, en una particular y delicada simbiosis que hace de los problemas de cualquiera de las partes una cuestión que afecta a todas.

¿Y dónde podemos encontrar aún una prolongación de estos pequeños vergeles urbanos? Pues aunque pueda parecer extraño en una capilla funeraria gótico-mudéjar de la mano de los ‘urban sketchers’ ( ojo, con t) cordobeses, una comunidad internacional de dibujantes dedicados a capturar la vida y sus entornos, bajo premisas de autenticidad y espontaneidad, generando cuadernos y láminas que se convierten en auténticas crónicas visuales, según puede leerse en la presentación que precede al acceso a la pequeña sala expositiva del Archivo Histórico Provincial cuyo contorno se prodiga en toda clase de imágenes coloristas de patios y flores. Así que, heterodoxamente hablando, la parte gótica que pudiera atribuirse al recinto se ha transformado estos días en gótico florido.

En esta pasión por contar el mundo los ‘sketchers’ plasman cualquier cosa que les llame la atención: calles, estaciones, cafés… e incluso películas. Lo hacen convocándose en forma de «quedadas» fomentando el aprendizaje y compartiendo sus experiencias a la vez que haciendo accesibles los resultados de su actividad a través de las redes sociales. La última vez que pude verlos en acción fue también en esta Capilla de los Escribanos con ocasión de la exposición sobre el Nosferatu de Murnau y sobre Carlos Villarias, el actor cordobés que dio vida a Drácula en la versión en español (aún no se trabajaba el doblaje), dirigida por George Melford en 1931, que se rodó paralelamente al film que lanzaría al cine sonoro al inmortal conde (dicho sea en todos los aspectos) y a la fama a Bela Lugosi de la mano de Tod Browning. Eran tiempos duros tras el ‘crack’ del 29 y había que aprovecharlo todo. Así que Melford rodaba por las noches optimizando los mismos recursos e instalaciones que Browning usaba por las mañanas. Y quizá la nocturnidad le aportó un plus de inspiración. La misma que probablemente encontraron los dibujantes en las imágenes expresionistas de la cinta de Murnau y en la interpretación de Max Schreck.

Las muestras que acoge el archivo histórico son siempre atractivas no solo por la oportunidad o la calidad de sus contenidos expositivos sino por saber divulgarlos de modo riguroso, ameno y, en la medida de lo posible, con cierta ambientación o poniéndolos en relación con otros campos. En este caso varios dibujos van acompañados de algunos de los evocadores versos de Miguel Salcedo Hierro, Ángeles Asensio, Ricardo Molina, Francisco Arévalo, Antonio Roldán o Antonio Gala hablando de archivos de azahares y violetas, del beso fugaz de las abejas, de incensarios de ofrendas olorosas, perlas engastadas en sonrisas o tiestos que enjaulan flores que cantan. Y hasta las ménsulas de la capilla aportan también su granito de decoración floral. Quien las talló nunca hubiera podido pensar tanta competencia.

*Periodista

Tracking Pixel Contents