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Opinión | Cosas que pasan

Gestos y malos modales

Los gestos de los personajes que están en primera línea de actualidad denotan los buenos o malos modales que practican. Reconozco que me encanta observar la puesta en escena de los políticos y cómo respetan o no el protocolo, según les plazca y su ignorancia lo permita.

Por ejemplo, la reciente visita (casi histórica) de los reyes británicos Carlos III y su esposa Camila, a la Casa Blanca fue como un baile de torpezas por parte del presidente de EEUU, Donal Trump. Se pasó el protocolo por el arco de triunfo de su personal machismo, prepotencia e ignorancia diplomática. Esa especie de armario que es su cuerpo, se interpuso en varias ocasiones para no dejar paso a su invitado, Carlos III, dejando atrás a la reina Camila, que ya no sabía dónde colocarse. Aunque posteriormente se vengó y lo definió como «un payaso grosero». En pocas palabras se sacudió la humillación que a cada paso protagonizaba el gorila norteamericano con sus invitados. También el discurso del rey en el Congreso fue una brillante lección de diplomacia y elegancia. Todo muy inglés.

Comentadas fueron las provocaciones de Trump al ponerse gallito en su discurso cuando intento alabar la intervención norteamericana en Europa y dijo que sin ellos Europa seguiría hablando alemán. Aunque Carlos III en su respuesta tiró de ironía y contestó rápido: «Sin nosotros ustedes hablarían francés...». En fin, una visita tensa y nada agradable que muestra al mundo, una vez más, al elefante grosero que es el republicano. Ya que es el animal que representa a los miembros del Partido Republicano en Estados Unidos.

Sus desplantes a los monarcas del Reino Unido no han pasado desapercibidos y hace unos días, ya en casa, en una recepción a personalidades de la cultura, el famoso cantante Rod Stewart al saludar a Carlos III llamó «sabandija» a Trump. Adjetivo muy celebrado entre los asistentes. Parece que las meteduras de pata y sus salidas de tono, cada vez más frecuentes, hacen caer su popularidad cada día, y el payaso grosero ya no hace tanta gracia ni entre sus más fieles seguidores.

Sin embargo, en su reciente visita de Estado a Pekín su comportamiento cambió totalmente ante el gigante asiático. El agresivo Trump se mantuvo cordial, respetó el protocolo, y se mostró pragmático y diplomático. No ahorró elogios hacia su anfitrión, el presidente chino Xi Jinping. Y el tono de su visita contrastó con la retórica agresiva y la guerra por los aranceles, que es la que ha caracterizado su política exterior hacia el país comunista. Vamos, que se arrugó ante el poderío chino en el mundo. Dos gigantes frente a frente. Solo que en esta visita evitó la confrontación pública y le aconsejaron centrarse en la búsqueda de consensos comerciales. Hablaron del impacto económico de la guerra con Irán y del bloqueo del estrecho de Ormuz. Trump lució sus mejores modales y evidenció el enorme respeto que China impone a EEUU. Vamos, que Trump al lado del presidente asiático parecía un corderito. Y si se tenía que arrodillar ante él se arrodilló. ¡Viva el comunismo!, y sus imponentes desfiles para deslumbrar, al contrario. En el juego que ambos dirigentes mantienen en sus tableros mortales manda China

Estaré atenta a la puesta en escena que presidente Trump hace siempre desde la puerta de entrada al avión a su vuelta a la Casa Blanca. Tengo la impresión de que ese escenario, donde Donald se gira un poco para decir la última sandez a los micrófonos, que le siguen cada día, es un decorado que deben guardar en algún sótano de la mansión presidencial para dar la impresión de un presidente siempre en marcha, de avión en avión. Todo puro teatro.

También Ayuso es digna de mención por sus meteduras de pata cuando sale de su Madrid de «Cañas y libertad». Hizo el ridículo más espantoso en su visita a México. Viaje que tuvo que recortar y regresar a España con las orejas gachas. «¡No eres bienvenida!», le gritaban a su paso altivo por las calles de «Méjico», rebautizado así con una sonora jota por la ignorante presidenta de la Comunidad de Madrid. «México se escribe con x y se pronuncia con jota», le tuvo que explicar con sorna la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum. Por no hablar de cómo se atrevió a retorcer la historia al mencionar con loas al conquistador Hernán Cortés en México.

Hace falta ser imprudente y también ignorante para provocar y manipular la historia en un país que odia al personaje. Y como preguntó la presidenta de México con guasa y cansada de sus impertinencias: «¿Y usted de qué es presidenta?». «De la Comunidad de Madrid», contestó la madrileña. «¡Ah...!» murmuró Claudia despreciativa, y siguió su camino mirándola un segundo de arriba abajo.

*Periodista y escritora

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